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Hacia un modelo sostenible y más social

Una ciudad inteligente no puede serlo sin una total implicación de la ciudadanía, una ciudad sostenible por y para sus habitantes, los usuales y los visitantes. También hay que dar crédito a los ayuntamientos, quienes han inducido y complementado iniciativ

Hace ya más de dos años escribí un artículo titulado «Una ciudad sostenible, unos ciudadanos hiperconectados». Inicialmente el título añadía «…e involucrados». Por restricciones de la publicación, decidí recortar el título y eliminé esta última parte, ¡Qué error! Una ciudad verdaderamente inteligente no puede serlo sin una total implicación de la ciudadanía, una ciudad sostenible por y para sus habitantes, los usuales y los turistas.

De esto sabemos mucho en Barcelona. Nuestros conflictos y dolores de cabeza hemos sufrido (y estamos sufriendo) para conseguir un modelo sostenible de turismo, un sector fundamental para la ciudad, pero que, llevado al extremo, puede traer unas consecuencias fatales de desapego por su ciudad de los verdaderos habitantes de Barcelona. Este es un claro ejemplo de un ámbito que requiere un correcto planeamiento y gestión para obtener un compromiso entre la generación de oportunidades de negocio y de trabajo en la ciudad y mantener la calidad de vida de los ciudadanos.

Hablamos de ciudades inteligentes  y generalmente asociamos esta premisa a tecnología. Yo soy el primero que solía hacerlo, pero cada vez me parece más circunstancial. Por supuesto que la explosión de internet de las cosas y del big data puede cambiar la forma cómo se gestiona una ciudad pero, al fin y al cabo, la humanidad siempre ha intentado utilizar la última tecnología disponible para hacer más fácil nuestra vida cotidiana, ya desde tiempos del Imperio romano y otras civilizaciones. La tecnología solo es una herramienta para conseguir los objetivos que comentaba anteriormente.

Primero, ahorrar recursos para dar los mismos servicios de forma más eficiente y ser más sostenibles en el futuro (económicamente, energéticamente, medioambientalmente, demográficamente, etcétera).

Segundo, generar negocio para la ciudad, atraer talento e inversión externa para generar nuevas oportunidades en la ciudad. No olvidemos que el modelo de smart cities se sustenta en una colaboración público-privada (public private partnership - PPP).

Y tercero y, quizá el más importante de todos, mejorar la calidad de vida de los usuarios de la ciudad, aprovechar la tecnología en la medida de lo posible para que disfruten de servicios mejor adaptados a sus necesidades. En este punto es donde cobra especial relevancia la implicación ciudadana, ayudando a adoptar las acciones adecuadas para tener en cuenta siempre las necesidades reales de la sociedad urbana. La tecnología debería darnos nuevas formas de escuchar al ciudadano para involucrarlo, nunca apartarlo o provocar rechazo hacia su ciudad, gobernantes o acciones que se hagan en ella.

Desde el inicio del posgrado en Smart Cities en La Salle hace tres años, hemos visualizado un cambio gradual en el desarrollo del concepto de ciudades inteligentes. Podríamos decir que lo que inicialmente era una estrategia top-down en la que los ayuntamientos eran quienes ideaban, diseñaban y desplegaban soluciones tecnológicas para la ciudad y para los ciudadanos, en la actualidad están cobrando cada vez más fuerza iniciativas bottom-up que surgen directamente de la implicación ciudadana: la participación abierta, los espacios de cocreación, la generación de open data, los urban labs, etc. También hay que dar crédito a los propios ayuntamientos, quienes han inducido y complementado estas iniciativas al darse cuenta de que un modelo realmente sostenible de ciudad lo tienen que construir conjuntamente ciudadanos y gobernantes: la necesidad de añadir la cuarta P (people) al modelo PPP.

Desde La Salle-URL nos gusta hablar de tecnología, y llevamos algún tiempo haciéndolo (este año cumplimos 50 años ya de la apertura de la primera escuela universitaria de telecomunicaciones en Catalunya), pero principalmente hemos creído en la generación de profesionales de valor para la sociedad. Nos adaptamos a los cambios circunstanciales de la tecnología y de la sociedad que nos rodea para formar profesionales que sepan gestionar una ciudad inteligente pero, por encima de todo, buscamos profesionales que sepan entender las necesidades de los ciudadanos y ayudar a involucrarlos en el desarrollo de las ciudades del futuro.

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