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GENTE CORRIENTE

Leonor Gallardo: «Dolía que nuestros críos idolatraran a 'El Vaquilla'»

Ayudó en la calle a las familias de la Badalona de los 70, epicentro de droga y delincuencia

RICARD CUGAT

La historia de los jóvenes marginales que crecieron en los 70 y los 80 al albur de la droga y la delincuencia tiene una cara oculta. La cara de, por ejemplo, Leonor Gallardo (Córdoba, 1959), quien ha trabajado durante décadas ayudando a los chavales del barrio de Pomar, en Badalona. Convivió con populares delincuentes como ‘El Vaquilla’ o ‘El Torete’, a quienes mitificaron las películas mientras voluntarios como Gallardo lidiaban con una realidad muy cruda en la calle.

-Hábleme de su trabajo.

-Desde los 70 estoy implicada en la ayuda a la gente necesitada del barrio de Pomar. Mi labor ha sido parecida a la de una trabajadora social actual, aunque yo no tengo título y lo he hecho voluntariamente al margen de mi trabajo.

-¿Por qué empezó?

-Cuando tenía 15 años, se incendió la fábrica Haissa, donde había empezado a trabajar. Murieron 6 personas; yo me salvé por poco. Ahí empezó mi vida reivindicativa, ya que los trabajadores tuvimos que luchar para que nos pagaran lo que nos debían y ayudaran a las familias de las víctimas.

-Un punto de inflexión.

-Sí. Nos comenzamos a juntar en la parroquia y hablábamos de cómo mejorar el barrio. La Iglesia tuvo un papel fundamental: era muy respetada y la Policía no entraba.

-Explíqueme su trayectoria.

-Empecé trabajando en la cooperativa Convivencia Obrera a mediados de los 70, luego siempre he sido voluntaria. Asesoraba sobre temas alimenticios a las familias: qué comer y cómo comprar para ahorrar, pues no tenían nada. A finales de los 90 fui concejala en el Ayuntamiento de Badalona y luego estuve tres años como asesora en la Generalitat.

-Empezó muy joven.

-Cierto, pero me respetaban. La cooperativa se ubicaba donde estaban todos los delincuentes de la época, como ‘El Vaquilla’ o ‘El Torete’. Todos convivíamos en la calle.

-¿Cómo les ayudaban?

-Por ejemplo, empezamos a organizar excursiones con las familias para fomentar la vecindad. Recuerdo que a una de las salidas vinieron ‘El Vaquilla’ y ‘El Torete’. Fue emotivo porque vieron otra realidad: las familias se volcaron con ellos y quedaron impactados porque nunca nadie les había tratado así de bien.

-¿Cómo vivió el barrio las películas sobre los chicos?

-El cine de ‘Perros callejeros’ fue muy perjudicial para nosotros porque endiosó a chavales que eran pobre gente. Dolía ver cómo nuestros críos idolatraban a ‘El Vaquilla’ y querían ser como él a raíz de haberlo visto en películas. Con los propios delincuentes empezó a ser más difícil tratar.

-¿A qué tipo de casos se ha enfrentado?

-Al principio eran robos. Luego, en el 76, llegó la droga al barrio. Primero, los porros; después, la heroína, que hizo estragos. Se popularizó tanto que se utilizaba como moneda: “A ver si puedes acercarme a tal sitio y te lo pago en heroína”.

-Qué barbaridad.

-Lo más impactante que yo he visto era cuando se corría la voz de que habían encontrado a algún chico muerto por sobredosis. Veía a familias enteras corriendo en estampida al lugar para identificar el cuerpo. En la cara de las madres había una contradicción: querían que fuera su hijo para poderse despedir dignamente de él y que el dolor acabara ya, pero si no lo era se quedaban aliviadas.

-¿Qué destaca del cambio de Pomar desde los 70?

-Hoy Pomar es otro. Ha evolucionado mucho. Ahora es un barrio de protección oficial, con equipamientos y viene incluso gente de fuera, algo impensable hace años. El estigma siempre ha estado ahí y yo he arrastrado toda la vida lo de ser una chica de Pomar, pero las cosas, por suerte, han cambiado.

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