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La antigua bisutería Rosselló vuelve con aires renovados

La emblemática tienda de 1956 sigue su legado en manos de la bisnieta de la fundadora

SARA ANDRADE / BARCELONA

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periodico

Berta Ribalta salía todos los días entusiasmada de la guardería Canigó, frente al teatro Romea. Corriendo llegaba hasta la tienda de su familia, la gran Bisutería Rosselló, abierta en 1956. La calle Hospital de Barcelona número 34 era un hervidero de gente. "Yo me enfadaba al ver toda la cola de gente que había fuera. Atravesaba la acera. Mi abuela había puesto hasta números como los de las carnicerías en la calle", explica Berta.

Su bisabuela y fundadora del legado familiar, Pilar Mateu, le contagió el cariño por la bisutería y el trabajo artesano.Sin embargo, Berta aprendió el negocio de su abuela, CatiCasulà, y de su madre, Pilar Rosselló. Emprendedoras y con carácter llevaron la bisutería en la que llegaron a trabajar hasta diez dependientas. Todas aquellas tardes la pequeña Berta se sentaba en el mostrador y hacía sus propios collares. Para contentarla, su abuela los colgaba en el escaparate. "Los dejaba un rato y cuando yo me iba los quitaba", confiesa entre risas.

Un imperio de la nada

La historia de Rosselló se remonta cincuenta años atrás cuando Pilar Mateu la fundó. "Mi bisabuela era 'drapaire' y subió ella sola. Pidió dinero a los frailes de Barcelona, con los que tenía buena relación, y le fue muy bien", explica orgullosa Berta. 
Trajeron Perlas Majórica a Barcelona y más tarde Swarovski. Importaban las piezas de moda y bisuterías más exclusivas, y se llegaron a codear en los años 80 con el gigante Inditex. "Hicieron un imperio de la nada", dice la nieta. 
Todo era éxito. La madre de Berta acudía a ferias de Italia y Francia donde compraba el producto y se empapaba de las tendencias. Su tienda era muy concurrida por todo tipo de clientes, desde la clase rica de Barcelona hasta las señoras más humildes del barrio del Raval.

Un negocio en decadencia

La crisis se cebó con el negocio de la bisutería y también con los Rosselló. Pero ni eso ni laley de arrendamientos urbanosles hizo cerrar, sí lo hizo la enfermedad de su madre. "Yo viví el cierre como un alivio y pena, mucha pena para las que habíamos estado con el negocio desde siempre", explica Berta.
Dos años más tarde Berta Ribalta, bisnieta de la fundadora e historiadora del arte, ha levantado las persianas del negocio familiar junto a sus tres hermanos. Eso sí, dándole nuevos aires, aunque respetando la esencia y, sobre todo, a la clientela tan diferente y variopinta. "Me fui a una de las ferias de bisutería que se hacen en Barcelona y lo vi todo tan muerto que pensé en renovar o morir".
En la nueva bisutería Rosselló hay un taller para joyeros y primeros diseñadores y, hasta quiere habilitar un espacio para cocina creativa. La novedad es el sistema de venta a granel y la presentación en tarros, inspirada en la tienda de chucherías 'HappyPills'. Tres tamaños, tres precios, no llega a los 30 euros. El 'boom' 'handmade' le ha ayudado a salir a flote, eso, y todo el producto de la época de esplendor de la tienda que ahora es 'vintage', claro. La vieja manía de la abuelas de guardar todo como si fueran tesoros ha convertido el almacén Rosselló en un auténtico museo con cuerda para rato.

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