--Su actuación se desarrolla en una sala cerrada, con dos láser y sonido cuadrofónico. ¿Es usted un tipo de video disc jockey?
--No, no. A mí lo que más me importa es crear un espacio dinámico. Desde 1996, intento crear una relación entre el sonido y la luz, en este caso el láser. El láser me permite hacer la proyección dentro del espacio donde se encuentra el público, incluso puedo proyectarlo sobre el mismo público.
--¿Para qué?
--Por naturaleza, el sonido nos rodea, estamos dentro de él, no es algo externo. No me interesa el público como observador, sino como parte del trabajo. En la actuación, el público tiene que decidir qué hacer, a dónde mirar..
--¿Logra dirigir a la gente?
--De alguna manera, pero eso ocurre también cuando un pinchadiscos es bueno y consigue crear momentos de concentración. De todas formas, no siempre tengo éxito.
--¿Qué es lo que puede esperar el público de su actuación?
--Es una experiencia de inmersión en un ambiente de luz y sonido.
--¿Y eso no pasa también en los conciertos?
--Los conciertos no son una experiencia espacial; lo que yo hago, sí. El sonido que yo utilizo es muy minimalista, porque permite establecer una relación muy clara con la proyección. Cualquier cosa que pasa en la proyección, pasa también en el sonido, uno no domina al otro.
--Usted estudió sonología en los años 90. ¿Qué es exactamente?
--Es la ciencia del sonido. En esa época solo éramos 8 en clase.
--Aún suena a ciencia ficción.
--Pues yo parto de un punto muy simple y a partir de ahí investigo. Por ejemplo, acabo de llegar de Pekín, donde he creado un espacio sonoro en el que el sonido no procede de altavoces sino de compresores de aire, porque el sonido no es más que un cambio de presión en el aire.
--¿La reacción de la gente es distinta en China que en Europa?
--Creí que en China eran más tímidos, pero son más abiertos que los europeos y se dejan llevar.