CUENTA ATRÁS DEL FESTIVAL DE MÚSICAS AVANZADAS | publicado el 17 de junio del 2008

El Sónar en 1994 tuvo un debut poco prometedor


NANDO CRUZ / BARCELONA

"Sónar es un festival internacional dedicado a todas las tendencias de la música electrónica contemporánea, desde las vertientes más puramente académicas y los lenguajes experimentales a las nuevas corrientes que agitan el actual techno y la dance-music. Sónar aglutina y mezcla diferentes generaciones de músicos que utilizan la instrumentación electrónica y los sistemas informáticos como soportes básicos de trabajo". Así se presentaba el jueves 2 de junio de 1994 la primera edición del Sónar; sí, ya entonces, Festival de Músicas Avanzadas.
Por si acaso, aún no se abría la puerta al arte multimedia porque la maquinaria estaba en rodaje y no era cuestión de arruinar a la SGAE, socio principal de la empresa Advanced Music. De hecho, si en futuras ediciones la imagen habitual sería la de asfixiantes colapsos en los pasillos y escenarios del CCCB, en esa primera toma de contacto hubo que regalar invitaciones a discreción para que el público se acercase a las actividades diurnas. Aunque hoy pueda resultar inconcebible, en la Barcelona de 1994 montabas un concierto en el que el instrumento principal era la columna vertebral de un caballo, tuneada con seis cuerdas y electrificada, y no se formaban colas.
La voluntad aglutinadora del Sónar quedó clara desde la primera edición. Ahí tuvo cabida el primer grupo de rap barcelonés con cara y ojos (Eat Meat), los rolletes electroacústicos de Phonos y un concierto de Esplendor Geométrico, quizá el grupo con más prestigio internacional de la electrónica española. Tal vez por ello, era difícil distinguir entre experimentadores reales y hippies reciclados.

El debut de Laurent Garnier
Luego estaban las conferencias y los debates. Si algo lamento 15 años después, es haberme perdido aquella charla titulada La gestualidad del intérprete en el entorno informático cuyo ponente era el mismísimo Teddy Bautista. O ese debate sobre Los nuevos gurús de occidente (traducción: los discjockeys) con participación estelar del no menos célebre Nando Dixcontrol.
De noche, la actividad se iba al Apolo, que también se quedó grande pese a que se estrenaron figuras del techno: el francés Laurent Garnier, el alemán Sven Vath o el más experimental Vapour Space. Como el programa estaba estructurado temáticamente, hubo una velada dedicada al ambient. Y, bueno, en el piso de arriba del Apolo más de uno se quedó frito con la muy atmosférica y relajante actuación de Atom Heart. (Cabe suponer que esa noche se decidió crear la carpa chill-out, que tan modernas siestas acogería en ediciones venideras).

El arte multimedia
Nada hacía pensar que el Sónar pudiera convertirse en una cita con futuro y, mucho menos, de referencia internacional. Pero en 1995 volvió a la carga, ya con la oferta de arte multimedia, también con la programación nocturna desplazada al Poble Espanyol y con actuaciones de Orbital, Fangoria, José Padilla, Biosphere y John Acquaviva.
Ahí es donde el Sónar empezó a sacar la cabeza. Nacía con vocación de explorar la creatividad menos visible (su nombre proviene del sistema de detección de los submarinos) y acabaría siendo imán y escaparate de toda clase de propuestas. Desde las más subterráneas hasta las más superficiales.

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