Apocos días del inicio del Sónar, en el enorme loft del Poblenou que el festival usa como cuartel general hay tres hombres que viven la cuenta atrás con aparente calma. Si acaso, echan alguna mirada al cielo confiando en que el sol se anime al fin a calentar el ambiente. Ni siquiera parece inquietarlos la baja de última hora de M.I.A., una baza fuerte del cartel. Enric Palau (Manlleu, 1964), Ricard Robles (Murcia, 1965) y Sergio Caballero (Barcelona, 1966), los visionarios que a principios de los 90 se inventaron un festival de músicas avanzadas, verán el jueves cómo su criatura llega a la 15ª edición.
--¿Cómo viene este año el Sónar?
--Enric Palau: No sé... No acaba de arrancar el verano... El Sónar siempre se asocia con el sol.
--Ricard Robles: A ver si inauguramos el verano...
--¿Qué influencia tiene la actual superpoblación de festivales?
--E.P.: Esta supuesta guerra está centrada en el rock, y el Sónar está muy lejano a eso. Puede haber un momento de conflicto en torno a un artista concreto que nos interese y que otros festivales también lo quieran, pero nada más. El resto de nuestros contenidos, o sea el 95%, no es susceptible de provocar roces.
--Pero ahora hay más festivales, hace 10 años era el Sónar o nada.
--Sergio Caballero: Si hay tanta oferta, todos lo notaremos. Pero llevamos 15 años y hay un tipo de público del Sónar. Somos diferentes y la gente viene a descubrir. No es un festival de grandes estrellas, sino una manera de pasar tres días en Barcelona, viendo exposiciones u otras cosas, como si fueran unas vacaciones.
--R.R.: Tenemos que hacer lo que se espera del Sónar, y si alguien sale tocado no podemos pensar que nosotros somos la armada invencible.
--¿Están contentos con la ciudad, con el trato de las instituciones?
--S.C.: Sí. Y, como marca, el Sónar devuelve mucho a la ciudad. Y cuando se habla del Sónar se habla del Sónar de Barcelona.
--E.P.: Hemos hecho el Sónar en Sao Paulo, Buenos Aires, Tokio, Londres o Seúl, pero el referente que sale al decir 'Sónar' es directo: Barcelona.
--Parece incluso como si hubiera una cierta envidia del Sónar, como si las instituciones mimaran a este festival más que a los otros.
--R.R.: Eso es un mito. Las ayudas que recibe el Sónar no son muy diferentes del resto de festivales.
--S.C.: Llevamos 15 años, y hace 15 años esto era un desierto y tres tíos de la iniciativa privada nos metimos a hacer esto. Barcelona está ahora en un lugar importante en el mundo de las músicas avanzadas.
--E.P.: El Sónar siempre ha sido una cosa bastante rara abierta a todo el mundo, especializada pero a la vez abierta, y eso las instituciones lo ven positivo. Desde el inicio juntamos a sectores distintos, que venían de sus capillas, algunas muy cerradas. Los de la música contemporánea, cerrados ante los de la clásica o la electroacústica, y estos cerrados a los de la música experimental y electrónica, y estos hacia la música de baile. Nosotros creamos las condiciones para el encuentro. Es lógico que las instituciones lo reconozcan.
--¿Y una de las ideas era hacer un festival raro pero no para raros?
--S.C.: Hay una cosa que me fastidia. En cuanto un grupo empieza a ser popular, salen fundamentalistas que dicen 'no, esto ya no mola', porque todo el mundo los conoce. Y en esta ciudad hay mucho público de este tipo, y es ridículo, patético...
--E.P.: Nos interesa abrir caminos, espacios nuevos, darnos a conocer a una parte de público nueva.
--La programación del festival va más allá del rock convencional, ¿dónde pescan a los artistas?
--S.C.: ¡Google! risas. A través de personas, contactos, viajes... Los otros Sónar son muy importantes.
--R.R.: Hay que estar en movimiento todo el año. Física y mentalmente. Mantener una red amplia y sólida con mucha gente. Se discute mucho.
--E.P.: Gente que está metida en el periodismo o directamente artistas con los que contrastamos cosas.
--S.C.: Diplo DJ y productor norteamericano puede ser un ejemplo.
--E.P.: Es un tío difícil de pillar, pero muy interesante, viaja mucho y es un gran detector. Y tenemos un impulso vocacional. A mí descubrir un buen disco me alegra el día. Hacer el Sónar fuera también nos ha llevado a escenas en las que hay que estar.
--¿Hay mucho debate entre los tres, y puntos de vista muy diferentes?
--Todos: Sí, sí, sin duda.
--S.C.: Con Madness este año risas. ¿Qué hace Madness en el Sónar?
--E.P.: Se asume todo como un riesgo compartido risas.
--¿Cuántos grupos llegan a sus oídos hasta la selección final?
--R.R.: De los 170 que hay este año, pues más del doble.
--E.P.: No nos podemos comprometer a escuchar todo lo que llega. Tenemos tres, cuatro personas, y un equipo de dirección artística, pero sería imposible. Sí hacemos una buena función de cara a la escena local, porque ciertas cosas incipientes que son interesantes acaban haciendo su presentación de gala en el Sónar.
--¿Qué artista sería un sueño traer?
--R.R.: El mío es imposible. Talking Heads. Están más que peleados.
--S.C.: Bowie, Roxy Music... A mí no me gusta mucho la música risas.
--E.P.: Los nombres imposibles acaban siendo lo más codiciado de los festivales. Cualquier grande tendrá un millón de ofertas en el momento en que diga que vuelve al escenario. Me gusta más la sensación de haber traído algo incipiente y luego darte cuenta de que hiciste un descubrimiento. Quizá me habría gustado traer a Divine, pero no llegamos a tiempo murió en 1988.
--S.C.: A Divine le invité una vez a un bistec en la Boqueria. Él hablaba un poco de castellano, yo me estaba comiendo un bistec con patatas, se me quedó mirando y le dije '¿quieres uno?', y lo invité.
--¿Cómo funcionan siendo tres?
--E.P.: Como el tripartito. Nunca pasa nada.
--S.C.: Tres está muy bien, porque somos diferentes. Hay mucho respeto entre nosotros aunque alguna vez nos chillemos. Hace muchos años que nos conocemos y cada uno tiene marcada su línea de trabajo. Enric está más en la programación, Ricard en comunicación y prensa, yo me ocupo más de la imagen... Discutimos, pero tres es mejor que dos.
--¿Cuál es el origen de la unión?
--S.C.: Enric y yo tocábamos en un grupo Jumo, teníamos 18 años, y Ricard era periodista y nos vino a entrevistar. Trabajaba en Ajoblanco.
--E.P.: Hicimos un disco que acabaron regalando en una tienda de pollos a l'ast.
--S.C.: Si comprabas pollo y Coca-Cola grande te daban el disco de Jumo, en un colmado del Clot. El hijo del dueño trabajaba en la distribuidora.
--¿Y cómo se enredaron para montar el festival?
--E.P.: Nos veíamos para escuchar música, pasarnos discos y empezamos a crear un primer proyecto.
--S.C.: Hablamos con Ricard y nos pusimos a trabajar durante dos años, planteando el festival. En 1994 aquí había dos tipos de música electrónica, la electroacústica, supercerrada, y a nivel popular el bakalao. Ibas a hablar con un patrocinador de música electrónica y te decía 'pero vosotros ponéis bakalao'. Igual ahora pones bakalao y es supercool...
--¿Cómo se ven dentro de otros 15 años? ¿Cómo ven el festival?
--S.C: Espero que con gente que haga lo que hacemos nosotros. Con más energía y más conocimientos.
--¿Y ustedes, dónde?
--S.C.: No sé, estamos hablando de 15 años más, serán 55 años... En TVE los jubilan a los 50. Nosotros a los 55 deberíamos estar jubilados.
--¿Ven esto en manos de otros?
--R.R.: Estamos abiertos a otras fórmulas. Que otros tengan cada vez responsabilidades más claras.
--S.C.: Hay otros intereses. Cuando yo tenía 25 años estaba aquí horas, días enteros y fines de semana, pero ahora prefiero estar con mi hija.
--Tendrán una pila de anécdotas...
--E.P.: Incluso hicimos una lista. Una vez se cayó del escenario el DJ Roger Sánchez. Dio un paso atrás, no había más escenario y se fue abajo.
--S.C.: El último día de un Sónar, después de toda la noche en danza, ya eran las doce del mediodía. Tenía hambre pero antes de dormir me apetecía una paella. Me fui al Siete Puertas y pedí una para llevármela a casa. Entonces descubrí que me había dejado las llaves y mi mujer no oía el móvil. Y pensé, tanto Sónar, tanto rollo, y aquí estoy con esta solana que cae comiéndome la paella en el coche un domingo...
--¿Y cómo fue la historia con Maradona, imagen del Sónar del 2002?
--S.C.: Estuvimos con él una semana en un spa en México. Yo no tenía ni idea de quién era y en el avión leí un libro sobre él. Era dificilísimo pillarlo, tenía unos horarios rarísimos. Nos decía: "Catalanes, sáquenme guapo, no les pido más".