Linternas mágicas, zoótropos, panoramas, estereoscopios, sombras chinescas y cronofotografías, todos esos asombrosos intentos pioneros de ofrecer al espectador imágenes en movimiento, conviven, durante unos días y por iniciativa del Sónar, con los artilugios más avanzados de la simulación visual. Future Past Cinema (El futuro del cine del pasado), la segunda entrega de la trilogía de exposiciones decimonónica, cruza de nuevo ese lejano puente de diálogo entre el siglo XIX y la era actual
"Son momentos de emergencia tecnocientífica, por ello vale la pena transportar al visitante al universo de imágenes del siglo XIX a través de la mirada de artistas contemporáneos, como Marnix de Nijs y Takashi Kawashima", cita Òscar Abril Ascaso, músico, creador multimedia y uno de los comisarios de Future Past Cinema.
En una oscura sala del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, juegan ocho instalaciones interactivas y dos espectáculos en directo con los remotos aparatos ópticos que antecedieron históricamente al proyector cinematográfico.
Abril Ascaso recuerda que Et Voilà!, la muestra que reflexionaba entorno al ilusionismo y los trucos de magia, inauguró el año pasado esta singular trilogía que viaja por el tiempo. Para él, dedicar la presente edición al cine es un paso lógico, porque la primera proyección cinematográfica pública de los hermanos Lumière tuvo como escenario el Grand Café des Capucines de París, "un lugar consagrado a la magia".
La génesis del movimiento
El cine, como tema de análisis, articula las diversas muestras del Sónar, que incluye también otras dos secciones de vanguardia creativa: Sonorama y Arte Digital a la Carta. "Nuestro objetivo no es abordar el cine de manera frontal, sino adentrarnos en la periferia de la cultura audiovisual", especifica el comisario. Future Past Cinema es la que se adentra en la arqueología cinematográfica. "Thomas Alva Edison o los Lumière fueron los que decidieron la evolución del cine, que podía haber transcurrido por otros caminos de consumo audiovisual".
En este sentido, ha sido clave la colaboración del Museu de Cinema de Girona, que ha cedido temporalmente algunos de los tesoros de la colección Tomàs Mallol, adquirida en enero de 1994 para convertirse en uno de los principales fondos de cámaras antiguas y linternas mágicas europeos. Al lado izquierdo de la muestra del CCCB se encuentran algunas de las más originales máquinas de creación de imágenes con movimiento del siglo XIX, y a su derecha, la instalación interactiva que inspira y reactualiza cada una de esas piezas. Entre ellas, la linterna mágica, considerada el espectáculo visual anterior al cine más popular, versátil y duradero ya que se prolongó a lo largo de 250 años,
Kawashima redescubre el mundo de las milenarias sombras chinescas con la ayuda de herramientas que provienen de la informática. Marnix de Nijs expone fotogramas a 360°, desde una una estructura metálica giratoria en la que sienta el visitante. Andy Cameron reconstruye una imagen por secuencias en un videowall a partir del célebre estudio cronofotográfico del británico Eadweaerd Muybridge. Y Juan Ospina convida al público a crear un filpbook digital. En todas estas propuestas, el público asume un papel protagonista. Participa.