NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 13 DE DICIEMBRE DEL 2003

Víctimas poco reconciliadas


Una mujer sostiene afiches con las imágenes de víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet, en la plaza de armas de Santiago de Chile. efe
ROSA MASSAGUÉ
ZARAGOZA

Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala, Panamá, Perú. Después de conflictos armados internos y/o dictaduras que han dejado una horrible estela de asesinatos, desaparecidos, torturas, desplazados, y todo tipo de violaciones de los derechos humanos, estos países están pasando por el duro ejercicio de la reconciliación.

Uno de los instrumentos utilizados en estos procesos de paz son las comisiones de la verdad. Su papel, sus resultados, su alcance, fueron analizados en un seminario sobre reconciliación realizado a finales de noviembre en Zaragoza, organizado por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

"Las comisiones de la verdad son necesarias, pero hay que asegurar que no haya marcha atrás", declara el chileno Roberto Garretón, abogado de la célebre Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago durante la dictadura de Pinochet. Pero "hay buenas y malas prácticas", y al final las víctimas no se sienten comprometidas con lo que suscriben los actores de la reconciliación, es decir, quienes entregan los poderes que han violado y los políticos de la transición que los reciben.

Para Álex Segovia, economista salvadoreño educado en Londres, Oxford y la Universidad Centroamericana (UCA), y director ejecutivo de una consultoría para Guatemala, "los acuerdos de paz reflejan intereses de actores, no de país". La reconciliación hecha desde arriba es la más difícil, "es la historia de un fracaso permanente" porque generalmente entre los actores hay quienes han violado los derechos humanos.

Compromiso real del poder
Alicia de García, del Comité de Madres Monseñor Romero, de El Salvador, lo ve claro: "Las comisiones de la verdad no resuelven el problema. Se necesita un compromiso de quienes tienen el poder".

Marcie Mersky, jefa de la Unidad de Transición de la Misión de Naciones Unidas para la Verificación de los Derechos Humanos en Guatemala, comparte esta opinión: "La reconciliación se plantea desde el poder, en general sale desde arriba, no sale de las víctimas o las organizaciones de base".

Priscilla Hayner, analista del Centro Internacional para la Justicia Transicional, organismo que asiste a países que salen de un conflicto, intentó explicar el impacto que las comisiones de la verdad han tenido y que son diferentes en cada país. "En el ámbito psicológico, uno de los objetivos de las comisiones es ayudar a las víctimas y esto es un proceso muy doloroso. En el campo social, sirve para entender la verdad, especialmente cuando hay audiencias públicas, como en Suráfrica y Perú". En el ámbito político, Hayner cita el caso del ministro de Justicia de El Salvador que dejó el cargo dos días antes de que viera la luz el informe de la Comisión de la Verdad.

Reabrir el pasado
El impacto desde el punto de vista institucional, según Hayner, se centrará en una mayor relación entre la comisión de la verdad y el proceso judicial, y recordó que las comisiones no están "para cerrar el pasado sino para abrirlo".

Alejandro Bendaña, exalto cargo sandinista y hoy director del Centro de Estudios Internacionales de Nicaragua, considera que los acuerdos de paz abrieron espacios, pero no se utilizaron debidamente. Destaca la debilidad del Estado y la gran dependencia de los donantes. "Hay reconciliación a nivel horizontal, pero no la hubo de ricos con pobres, o de pobres con la pobreza". A pesar de todo, está seguro de que no ha sido un fracaso. "Al menos, no te matan", concluye.

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"Las comisiones de la verdad son necesarias, pero hay que asegurar que
no haya marcha atrás", declara el chileno Roberto Garretón