EL DRAMA DE LOS EXILIADOS. NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 17 DE FEBRERO DEL 2001

Residencia en la Tierra


Un grupo de EXILIADOS, a favor de la extradición a EspaÑa del ex general Augusto Pinochet, se manifiestan en londres. EFE / JUAN VALDÉS
JOAN MIÑANA
BARCELONA

Cuando se habla de impunidad con un exiliado chileno, es casi obligado referirse a esa imagen ya histórica de Augusto Pinochet plantando sus reales, con traje mil rayas de senador vitalicio, en el sanctasantórum de unas instituciones democráticas que él mismo mantuvo secuestradas. Es la imagen del zorro en el gallinero, tratando en vano de cacarear civilizadamente: las canas repeinadas, la conciencia distraída hacia los artesonados del techo. Esta imagen iniciaba una secuencia milagrosa con postales desde Londres, con instantáneas veladas de un concepto aún tierno de justicia internacional, y --milagro de milagros-- con la estampa mediática de la curación, en el aeropuerto de Santiago, de un anciano enfermo que recuperaba de pronto su estatura y sus patrióticos redaños ante un público de creyentes.

El general ha perdido alguna pluma por el camino, naturalmente, pero hasta ahora la justicia chilena sólo ha entrado en su casa por la puerta de servicio. Don Augusto no sabe y no contesta. ¿Para qué? Mantiene su sonrisa espantosa a pesar de haber sido inculpado por el juez Juan Guzmán como autor-inductor de 57 asesinatos y 18 secuestros. Su arresto domiciliario se parece demasiado al venerable retiro de un estadista.

Fotos de desaparecidos
Pero hay más imágenes en los noticiarios, el precipitado álbum de esta historia: las de los miles de exiliados chilenos que sostienen fotografías de desaparecidos o que brindan públicamente, lejos de su país, con vasos de plástico, por cada paso de hormiga que da la justicia. Son los residentes en la Tierra, aquí y allá, los pobladores de lo que ellos mismos denominan la decimocuarta región de Chile. Región dispersa y unida al mismo tiempo, comprometida siempre, que ha encontrado sus mejores embajadas en las organizaciones no gubernamentales de Europa.

En Barcelona, hace diez años, inició su andadura ASOPXI, una asociación de soporte a las organizaciones populares chilenas que refundía y concretaba otras iniciativas. Su presidente, Alejandro Erazo, vino a Catalunya desde Santiago por presiones políticas. Técnicamente era un periodista en democracia, pero sus opiniones sobre el inacabado proceso democrático en Chile no resultaban cómodas en la dura transición de su país, tan lenta y engañosa a veces. Nos hemos sentado a hablar con él y con otros amigos chilenos.

Desde las ventanas, que asoman a la plaza Reial, se atisba la realidad confundida de todos los colectivos de inmigrantes que conviven en esta parte de la ciudad. Hubo un tiempo en que el exiliado chileno tenía un carácter marcadamente político. Era cuando la mayoría de chilenos optaba por pedir asilo en democracias avanzadas como las del norte de Europa. Pero hace un frío del demonio allí, pucha, y luego está la dificultad del idioma, de modo que cuando en España lavamos nuestros trapos sucios --nuestra ley de asilo es de mediados de los 80--, muchos chilenos de la decimocuarta región decidieron llevar su exilio hasta aquí.

Falta de perspectivas
Un buen número de ellos volvería a Chile al iniciarse la transición democrática, pero --y es una cruel singularidad--, los años de dictadura, las oligarquías, la falta de perspectivas, el neoliberalismo instalado a brochazos gruesos en el país, consiguieron que miles de chilenos volvieran a exiliarse, esta vez sin el marchamo político, en el mismo flujo migratorio de otros países latinoamericanos desbordados por la pura ruina económica.

Entre carteles solidarios, de coordinadoras en defensa de los problemas de la inmigración; entre anuncios de actos culturales donde se promueve el intercambio cultural entre Chile y Catalunya, ASOPXI reúne a recién llegados y exiliados veteranos, a estudiantes que no quieren acrecentar en Chile las cifras de paro --más de un 25%--, o desencantados más recientes sobre la escasa sensibilidad social del actual Gobierno demócrata. Todos ellos saben que el futuro de Chile va a tener que contar con la sociedad civil, y no hay sociedad civil más activa que la que se ha fogueado durante todos estos años en el exilio político y económico.

Su objetivo principal es la educación de una generación joven a la que hay que devolver un sentido perdido de generosidad colectiva. Y si es cierto que a la Historia, a veces, le gusta señalar puntos y aparte, creen que un buen punto de partida para el futuro sería bajarle de una vez por todas la testuz, con leyes, luz y taquígrafos, a su fantoche vitalicio nacional.

 
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