ENTREVISTA A ISABEL ALLENDE, PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 8 DE SEPTIEMBRE DEL 2003

Allende: "Pinochet pretendía subir a mi padre a un avión y dejarlo caer"


Isabel Allende, en 1998 en Londres, cuando Pinochet estaba detenido. ap
GONZALO CÁCERES
SANTIAGO DE CHILE

EDAD: 58 AÑOS
NACIÓ EN: SANTIAGO DE CHILE
CARGO: PRESIDENTA DEL PARLAMENTO CHILENO. DIPUTADA DESDE LA LEGISLATURA DE 1993
FORMACIÓN: SOCIÓLOGA
FILIACIÓN: MIEMBRO DEL PARTIDO SOCIALISTA
DESAFÍO: REGRESÓ A CHILE EN 1988, PESE A LA PROHIBICIÓN PINOCHETISTA

"Mi padre nos imploró que saliéramos. Nos dijo que teníamos que salir para contarle al mundo lo que había pasado. Nos abrazamos en silencio y nos separamos". Isabel Allende recuerda el último abrazo de su padre, Salvador Allende, bajo una amenaza de bombardeo contra La Moneda que se hizo realidad pocas horas más tarde. No lo vería nunca más. El presidente de Chile murió en el palacio de Gobierno el 11 de septiembre de 1973, cuando los militares pinochetistas usurparon el poder.

--Tres días más tarde tuvo que partir al exilio. Su destierro duró más de 16 años.
--México acogió a nuestra familia y desde allí empezamos a cumplir el deseo de nuestro padre. Así llegamos también a Barcelona, donde tengo muchos amigos y donde siempre nos han apoyado en la lucha a favor de la democracia, la justicia y la verdad en Chile.

--¿Cuán presente está la figura de su padre entre los chilenos?
--La figura de Salvador Allende ha crecido y todos los chilenos saben que fue un presidente capaz de actuar con decisión y coraje, ya que un presidente que representa los anhelos de libertad de su pueblo no se rinde y prefiere la muerte a ser humillado y vejado.

--¿Qué se sabe de las causas reales de su muerte?
--Mi padre no quiso salir corriendo ante la amenaza de golpe de Estado como habían hecho muchos presidentes latinoamericanos. Por eso rechazó también las ofertas que se le hicieron para que saliera sano y salvo. Supuestos ofrecimientos porque las grabaciones realizadas por radio aficionados, que son hoy de dominio público en Chile, muestran que Pinochet pretendía subirlo a un avión y dejarlo caer.

--¿Fue asesinado luego por los militares como se cree?
--Fue un asesinato político, pero no fue ejecutado por los militares, no fue asesinado. Prefirió morir por su propia voluntad, después de conseguir que todo el grupo que le acompañaba en la defensa saliera del palacio para que el mundo supiera qué había pasado y por qué fue necesaria la resistencia en La Moneda. Prefirió salvar la vida a la gente y dar testimonio de su valentía.

--¿No fue un error hablar de revolución en Chile, cuando su proyecto era más bien socialdemócrata?
--Estamos hablando de finales de los 60, cuando hablar de revolución no era ninguna novedad. Era casi el pan de cada día. Se hablaba de revolución a la chilena, como se denominó al intento democristiano. Era una década en la que la palabra revolución no tenía nada de asombrosa. Lo que se debe dejar siempre claro es que cualquier cambio profundo que abriera paso al socialismo, como decía él, había de ser en democracia, pluralismo y libertad. No estaba dispuesto a usar el camino hasta entonces conocido, el de la vía armada, para tomar el poder, como fue el caso de la revolución cubana.

--Su padre designó como jefe del Ejército al general Augusto Pinochet. ¿Nunca pensó en la traición?
--No, porque Pinochet se mostró siempre como un partidario leal del presidente. Pinochet no estaba entre los conspiradores de primera hora y fue conminado por Toribio Merino, el jefe de la Armada, a sumarse al golpe. Fue recomendado por el general Carlos Prats, quien después fue asesinado y a quien mi padre tenía una enorme confianza. Nada hacía pensar que Pinochet se convertiría en el traidor número uno.

--Pinochet fue declarado enfermo mental para eludir la justicia, pero aparece una y otra vez en actos públicos. ¿No es una ofensa al Estado de derecho y a las víctimas de la dictadura?
--Sí. Muchos de nosotros hemos llegado a sentir bastante impotencia al ver que el principal responsable ha logrado eludir la justicia. Pero creo en el juicio de la historia y en él quedará como traidor a su juramento de soldado y como una persona sin honor y sin la menor dignidad. Hay que ser indigno para aceptar que te definan como enfermo mental para no enfrentarte a la justicia.

--¿Ha cambiado realmente el Ejército? ¿Ha dejado de ser un peligro para la democracia?
--Cada vez hay más conciencia de que debe cumplir un papel profesional. El lenguaje que emplea indica que, después de 30 años, hay más conciencia de lo que es el Estado de derecho y de que en ninguna circunstancia se debe quebrar la ley, atentar contra los poderes constituidos y violar los derechos humanos. Valoro el "nunca más" expresado por el comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, como "la lección más clara que podemos dejar" a las generaciones futuras. Pero es insuficiente, ya que todavía hay personas que tienen información sobre los detenidos desaparecidos, pero no la han entregado.

--El Gobierno propuso acelerar la búsqueda de los desaparecidos, agilizar los procesos para castigar a los culpable e indemnizar a las víctimas. ¿Es un camino correcto?
--Hasta 1990 se negó en Chile la existencia de detenidos desaparecidos. Esta propuesta demuestra que se han dado pasos fundamentales para avanzar en este campo. Tras el retorno a la democracia, vivimos un proceso complejo y lento, pero lo que importa es que hoy queremos dar un paso más para descubrir la verdad, para hacer justicia y reparar los daños en lo que se pueda. No todos quedarán satisfechos, pero es posible avanzar. Hay 340 procesos abiertos contra personas vinculadas a asesinatos o desaparición de personas.

--¿Es posible la reconciliación 30 años después del golpe o están abiertas todavía las heridas?
--Fueron heridas muy profundas. Más que hablar de reconciliación debemos encontrarnos en torno al "nunca más". Esa es la base común para reencontrarnos.

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