Publicado el 12 de septiembre del 2003 en el suplemento 'libros'

El golpista golpeado


AUGUSTO PINOCHET. EFE
Andreu Mayayo i Artal
BARCELONA

"Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor". 30 años después, estas proféticas palabras que el presidente socialista chileno Salvador Allende pronunció antes de sucumbir el 11 de septiembre de 1973 al golpe de Estado del general Augusto Pinochet se materializan con el cambio de nombre del Estadio Chile de la capital, Santiago, por el de Estadio Víctor Jara, el conocido cantautor de Te recuerdo Amanda, torturado y asesinado en ese recinto después del golpe de Estado.

En este aniversario, las novedades editoriales sobre el 11-S chileno se centran en la figura de Pinochet y, concretamente, en el proceso judicial abierto en España que condujo a su detención en Londres, acusado de crímenes contra la humanidad. En Pinochet en Piccadilly, el periodista Andy Beckett intenta responder, hurgando en los complejos vínculos que unen a Chile y al Reino Unido desde principios del siglo XIX, al enigma de "¿qué hacía, una lluviosa tarde de 1998, Pinochet en Piccadilly?" y a por qué viajó hasta una clínica de Londres para una operación menor a riesgo de ser detenido a petición del juez Baltasar Garzón.

Pero es el periodista argentino de El País Ernesto Ekaizer quien, en Yo, Augusto, relata con todo lujo de detalles el proceso judicial a Pinochet y los conflictos diplomáticos que generó a partir de su experiencia como enviado especial en Londres y un arduo trabajo de documentación que durante tres años le ha llevado a hacer mil entrevistas y le ha permitido transcribir diálogos increíbles, pero ciertos. A pesar del título, el voluminoso libro no es una biografía de Pinochet, sino más bien de sus circunstancias como golpista, dictador sanguinario y reo de la justicia internacional. Se agradece el nervio narrativo, de guión cinematográfico, de sus 94 capítulos o secuencias dramatizadas, pero se le echa en falta una buena introducción explicativa y analítica del personaje y del proceso judicial. En cualquier caso, he aquí algunas de sus perlas.

EL GENERAL FELÓN. Pinochet encarnaba como nadie la felonía, frialdad e impiedad de su admirado Francisco Franco. A petición de su antecesor y amigo Carlos Prats, Pinochet fue nombrado jefe de las Fuerzas Armadas por Allende sólo tres semanas antes del golpe. Era notoria su lealtad al gobierno de Unidad Popular que la derecha boicoteaba. Ante el creciente ruido de sables, Ekaizer recuerda que, una semana antes del golpe, Pinochet le espetó al ministro de Defensa, Orlando Letelier: "Duro con los traidores. Tiene el apoyo del Ejército". El domingo 9 de septiembre, Allende reveló a Pinochet que quería hacer pública el martes su decisión de convocar un referéndum sobre la continuidad del Gobierno. "Eso cambia la situación, presidente. Ahora va a ser posible resolver el conflicto en el Parlamento", respondió el general. La madrugada del día 11, con el golpe en marcha, mientras Allende manifestaba preocupación por la suerte de Pinochet, éste ordenaba facilitar un avión para la salida del presidente con estas instrucciones: "Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando". Ante la incredulidad de su interlocutor, el general repitió la orden: "Más vale matar la perra y se acaba la leva, viejo". Allende no cedió a los golpistas y murió en el Palacio de la Moneda; Pinochet, a su vez, ordenó los asesinatos de Prats y Letelier en Buenos Aires y Washington, respectivamente.

'OPERACIÓN CÓNDOR'. Pinochet utilizó el terror para "extirpar el cáncer marxista" y consolidar su poder. Como delegado plenipotenciario suyo, el general Sergio Arellano organizó tras el golpe la conocida caravana de la muerte. Más importante fue la creación de la DINA, una especie de Gestapo, bajo la dirección del coronel Manuel Contreras, que se convertiría en el Heinrich Himmler chileno y con quien Pinochet desayunó casi cada día durante años. En este contexto, el 29 de noviembre de 1975 se constituyó en Chile una organización internacional para la lucha contra el terrorismo en el cono sur latinoamericano. Asistieron representantes de Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Brasil participó como observador y Argentina se incorporó meses después, tras su golpe de Estado. "Los delegados, en honor al ave rapaz que ilustraba el escudo nacional chileno, bautizaron a la recién nacida institución con el nombre de Cóndor", transcribe Ekaizer de sus documentos fundacionales. Entre ellos está la bendición de la CIA, dirigida entonces por George Bush padre, y del secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger. La implicación de EEUU cesó con la elección presidencial del demócrata Jimmy Carter, pero el estado de sitio en Chile duró hasta marzo de 1978. El Informe Rettig, elaborado en 1991, revisó 2.920 casos y concluyó la muerte de 1.068 personas y la desaparición de 957. Curiosamente, la dirección de correo electrónico utilizada por Pinochet mientras estuvo arrestado en Londres era cóndor.

"GARZÓN, NO GARCÉS". Con 26 años, el valenciano Joan Garcés, funcionario de la Unesco, era el más estrecho colaborador del presidente Allende. El día del golpe consiguió escapar del palacio presidencial y refugiarse en la embajada española. Días más tarde, con la autorización de Pinochet, Garcés consiguió regresar a España. Años después, en su condición de abogado y presidente de la Fundación Salvador Allende, Garcés aprovechó la acción judicial de los magistrados progresistas españoles contra los genocidas argentinos para presentar la querella contra Pinochet que el 16 de octubre de 1998 facilitó su arrestó en Londres. Desde el primer momento de su arresto, Pinochet exclamó, ante la perplejidad de la traductora de la policía: "Yo sé quién está detrás de todo esto, ¡es el comunista ese de Garcés!". La policía le indicaba que la orden provenía del juez Garzón, pero Pinochet estaba obsesionado con Garcés, a quien lamentaba haberle salvado la vida.

SIN INMUNIDAD DIPLOMÁTICA. Octubre de 1998 no era la primera vez que Pinochet visitaba Londres tras dejar la presidencia de Chile en 1990. Pero los asesores del entonces senador vitalicio habían cometido una ligereza que desencadenaría todo el proceso: la falta de concreción de una misión especial en Gran Bretaña dejaba sin efecto la inmunidad de su pasaporte diplomático. De hecho, Pinochet sólo había viajado a Londres para operarse de una hernia, de la que estaba convaleciente cuando el juez Garzón, alertado por la policía británica de su situación jurídica y física, dictó a contrarreloj la orden de detención a través de la Interpol. Cuando, previendo un conflicto diplomático y jurídico internacional, la cancillería chilena quiso reaccionar, ya era demasiado tarde: la noche del 16 de octubre de 1998 la policía metropolitana de Londres había comunicado a Pinochet su arresto en la misma cama de la clínica donde estaba internado. La noticia dió la vuelta al mundo y se sucedieron las más diversas reacciones. El canciller chileno, José Miguel Insulza, socialista, vivía un infierno: "Yo estoy de duelo, pero en mi casa están de fiesta". El 3 de noviembre el juez Garzón solicitó la extradición y tres días después el consejo de ministros español dio curso legal a la petición.

SENTENCIA HISTÓRICA. El 24 de marzo de 1999 el Comité de Apelaciones de la Cámara de los Lores proclamó que Pinochet podía ser "extraditado por los delitos de tortura y conspiración para la tortura que presuntamente se han cometido después del 8 de diciembre de 1988", fecha en la que Gran Bretaña había suscrito el tratado internacional contra la tortura. Así, el 14 de abril el ministro del Interior británico, Jack Straw, dio luz verde al procedimiento de extradición. Al final del proceso, el mismo Straw valoró la sentencia de los lores como "un hito en la historia de los derechos humanos, cuyo impacto se ha dejado sentir más allá de nuestra fronteras". Pero no todos pensaban lo mismo. Personajes tan dispares como Margaret Thatcher, Felipe González y Fidel Castro discreparon públicamente de la posibilidad de extraditar a Pinochet. También discrepó el Vaticano.

SALVADO POR LOCO. Detenido en Londres, Pinochet se encontraba en un callejón sin salida; el nerviosismo cundía en los gobiernos implicados en todo el proceso. Al final se optó por alegar razones de salud, física y mental --que no motivos humanitarios--, para evitar su extradición a España. El valiente general aceptó humillarse y dejó que los médicos certificaran su incapacidad para asistir a un juicio, aunque al llegar a Chile logró milagrosamente levantarse de la silla de ruedas en la que estaba postrado. En enero del 2001, a petición del juez chileno Juan Guzmán, que ultima sus memorias, se realizaron nuevos exámenes médicos al general. Ésta fue la opinión del doctor Luis Fornazzari: "Tenía una excelente memoria remota, una muy buena capacidad de atención y de concentración. Podía, pues, someterse a su debido proceso". Antes de empezar el reconocimiento médico, Pinochet dijo al doctor Fornazzari: "Usted se parece a Garcés, por los bigotes".

EL REGALO DE THATCHER. Ugarte, el segundo apellido de Augusto Pinochet, significa isla en vasco. Y en las islas británicas permaneció 503 días arrestado el general. Cuando el avión que lo devolvía a Chile despegaba de suelo británico y su pesadilla terminaba, Pinochet abrió un regalo de su amiga Margaret Thatcher: "Era la reproducción de un plato fabricado en el año 1588 para conmemorar la victoria de sir Francis Drake sobre la armada española, la derrota del colonialismo español", explica Ekaizer. Con ese obsequio, la dama de hierro reconocía el papel desempeñado por Pinochet en la lucha contra el marxismo y agradecía la ayuda recibida en 1982 en su particular guerra colonial de las Malvinas.

OPINIONES
EL DICTADOR
Pinochet encarnaba como nadie la
felonía, frialdad e impiedad de su
admirado Francisco Franco
'operación cóndor'
Pinochet utilizó el terror para "extirpar el cáncer marxista" y consolidar su poder