
Valentino Rossi, heptacampeón del mundo, regresará mañana a la actividad en los entrenamientos de Jerez. Y lo hará tras ganar ayer el Rally Show de Monza con un Ford Focus WRC y después de tres semanas desaparecido por dos de las razones que le hicieron dudar de su continuidad como piloto en activo: una lesión en su mano derecha y el veto de la marca Michelin para que pudiera probar, antes de Jerez, los neumáticos Birdgestone, que el Doctor ha escogido para el 2008. Lesiones y peleas forman parte del annus horribilis del mejor piloto de la historia que este año no ha podido cumplir ninguna de sus metas, entre las que estaba, no solo el título mundial, sino igualar las 90 victorias de su amigo Ángel Nieto, pues se ha quedado en 88 triunfos.
La vida de Rossi este año ha sido tan turbulenta, tanto, que llegó a expresarle a los amigos que tiene en el Mundial, contados con los dedos de una mano, que meditaba abandonar. De haber tomado esa sonora, sorprendente y dañina decisión, más para el deporte de las dos ruedas que para sus intereses personales, la razón no hubiese sido otra que haber sido señalado como el gran culpable e instigador del cambio de la normativa que afecta a los neumáticos pues por el paddock se dijo que la política de monogoma anunciada por la empresa Dorna, organizadora del campeonato, había sido una idea del astro italiano. "Antes de que me acusen de cambiar las reglas de mi deporte, me voy", le dijo Rossi a un alto dirigente del campeonato tras el GP de Australia.
GOTA MALAYA
La temporada ha sido para Rossi una lluvia fina de desgracias. La Yamaha, al igual que ocurrió con la Honda, ha estado a años luz de la poderosísima Ducati. Ya no digamos los neumáticos Michelin comparados con los Bridgestone utilizados por la firma de Borgo Panigale. Esa ha sido su gota malaya. El fichaje estelar de Jorge Lorenzo, bicampeón de dos y medio, por parte de Yamaha se realizó pese a la oposición de Rossi, de ahí que el italiano haya exigido boxes separados, incluso con un muro en medio, pese a contar con la misma moto y patrocinador principal (Fiat).
Pero no todas las desgracias de Rossi, que se ha caído más que nunca y ha terminado el Mundial con la peor clasificación de su vida (tercero, si exceptuamos el año de su debut en 125cc cuando fue noveno), proceden del asfalto. También han llegado de los despachos. De las oficinas de la Hacienda italiana, que le reclama 112 millones de euros por no hacer la declaración en Italia del 2000 al 2004. Parece que Rossi alcanzará, finalmente, un acuerdo y la multa será de 22 millones de euros.
PELEA POR LAS RUEDAS
Otros desamores procedían de los despachos del paddock, pues las mayores dudas para seguir en activo aparecieron en su mente cuando reclamó a Yamaha y, por qué no decirlo, a la propia organización del campeonato que le ayudase a cambiar sus Michelin por los ganadores Bridgestone. El escándalo que se organizó fue tal que, durante semanas, solo se habló de la postura de Rossi y de sus exigencias, provocando el temor de que el Mundial se corriese con una sola marca de ruedas, desvirtuando la competición al más puro estilo de la F-1.
El puzle acabó recomponiéndose mientras Rossi suplicaba a Carmelo Ezpeleta, máximo responsable de Dorna, que hiciese humanamente lo posible para que él no resultase el culpable de la crisis. Yamaha aceptó a Bridgestone; Bridgestone ganó un heptacampeón ante el enfado de Casey Stoner, su flamante y nuevo rey; Michelin prometió venganza ("ganar a Rossi será una motivación extra", reconoció el viernes Jean-Phillipe Weber, jefe de la marca francesa); Dani Pedrosa se convirtió en el piloto n° 1 de la firma de Bibendum; y el campeonato mantuvo la competencia entre suministradores de ruedas.
DESESPERACIÓN TOTAL
"Es una situación cómica", dijo Rossi al romperse la moto en Valencia. "El 2008 no pinta muy bien a no ser que alguien se esfuerce de verdad", añadió señalando especialmente a Yamaha. "Hablaré con los japoneses, pero yo soy Valentino Rossi y no me parece justo correr con una moto que va lenta y, encima, se rompe", dijo con desprecio hacia su marca.
Y la semana pasada, colocó la guinda a su amargo pastel desde la revista alemana Auto Bild Motorsport, al señalar: "No sé cuánto tiempo seguiré en MotoGP, pues mi continuidad depende fundamentalmente de lo competitivo que sea el próximo año con la Yamaha".