NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL 18 DE SEPTIEMBRE DEL 2006
Rossi se acerca a Hayden y Pedrosa
queda descartado
. Melandri vence en una prueba en la que los pilotos cambiaron de moto
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
BARCELONA
Se va cerrando el círculo. Ya solo quedan Nicky Hayden (Honda, 225 puntos), el chico aburrido pero eficaz de Kentucky, y Valentino Rossi (Yamaha, 204), el campeonísimo de Urbino, en la lucha por el título mundial de MotoGP. Hay más. Algunos más, pero ya no cuentan para el reparto final. Después de lo visto ayer en el precioso circuito de Phillip Island, donde la climatología trastocó y afectó a los grandes favoritos propiciando la primera carrera de la historia al más puro estilo F-1, es decir, con múltiples paradas en los talleres para cambiar la moto de seco por la de lluvia, es evidente que solo los jefes de Honda y Yamaha están capacitados ya para pelear por el cetro de la máxima categoría.
ESPRINT FINAL
Ni Marco Melandri (Honda, 193 puntos), que con su tercera victoria del año se encaramó al tercer puesto de la general, ni el joven Dani Pedrosa (Honda, 193), protagonista de una extraña y desastrosa carrera en la que fue doblado y acabó 15° sumando solo un punto, tienen ya mucho más que hacer. "Yo nunca pensé en el título y siempre dije que este primer año en MotoGP era para aprender y ¡vaya si he aprendido!", explicó el tricampeón catalán.
La prueba australiana fue declarada, en principio, carrera seca, pero nada más situarse sobre la parrilla tras dar la vuelta de calentamiento y, un segundo antes de que se apagasen los semáforos, Hayden, que como líder del Mundial comparte la potestad que también tiene el campeón Rossi de poder detener cualquier carrera, levantó la mano exigiendo al director de la prueba que detuviese la salida. Había empezado a chispear. Esperaron y, como el cielo no acabó de llorar en serio, se decidió dar la salida, pero preveyendo, como así ocurrió, que se convirtiese muy pronto en una carrera mojada y, por tanto, ofreciendo a los pilotos la posibilidad de entrar en los boxes a cambiar la moto cuando lo juzgasen necesario.
Así fue y así ocurrió aunque el mismísimo Michael Doohan pronosticara que no llovería. A media carrera, dominada en principio por un atrevido Shinya Nakano (Kawasaki) y un resucitado Sete Gibernau (Ducati), rey del agua, que no gana desde Qatar 2004 y que no sube al podio desde hace ya 20 grandes premios, empezó el baile en los boxes.
Entraron todos y, a partir de entonces, se vivió otro gran premio. Mucho más caótico, más incierto y, sobre todo, inédito. Melandri dominó a placer ("arriesgamos con la goma de agua y acertamos", dijo el piloto de Fausto Gresini), Rossi recuperó su agresividad y, en la penúltima vuelta, superó a Hayden reservándose una sorpresa final casi sobre la misma línea de meta donde pasó a Gibernau mientras le miraba de reojo, sumando un bronce tras el piloto local Chris Vermeulen (Suzuki), que pilotaba casi a ciegas por un trazado que se conoce de memoria. Pedrosa, que hasta entonces merodeaba por los puestos del podio, se hundió en la miseria por culpa de una mala elección del neumático trasero. Acabó siendo doblado y solo pudo arañar un puntito.
CAOS EN LOS TALLERES
"Todo nos ha salido mal, así que resignación", reconoció Pedrosa con pocas ganas de hablar. "Cuando he entrado en el boxes para cambiar de moto casi me estrello con Tamada. Había un gran caos, un montón de gente que no sé qué hacía allí en medio, estorbando". "Me temo --siguió explicando el tri catalán-- que hemos sido los únicos en cumplir el reglamento en una maniobra que era nueva para todos". Pedrosa reconoció que su equipo se había equivocado de neumático de lluvia y, a la tercera vuelta, "ya no servía para nada". Eso sí, pese a la crítica, Pedrosa admitió: "Unas veces soy yo el que fallo y otras, ellos, pero de todo se aprende".


