La gigantesca campaña de publicidad internacional no pudo desentrañar el misterio, y ahora le ha llegado el turno de tirar la toalla a la policía y a la justicia portuguesas: la desaparición de Madeleine McCann es desde ayer un caso archivado. Tras 14 meses de infructuosas indagaciones, la fiscalía lusa ha ordenado suspender las investigaciones policiales, que solo se reabrirán si surgen nuevas pruebas. El fiscal general, Fernando José Pinto Monteiro, levantó la condición de arguidos, el término portugués para sospechoso, que pesaba sobre los padres de la pequeña, Kate y Gerry McCann, y sobre el también inglés Robert Murat. Monteiro admitió en un comunicado que no hay pruebas de que cometieran delito alguno.
En una breve comparecencia ante la prensa, en un hotel próximo a su domicilio, en la localidad inglesa de Rothley, los McCann dijeron sentirse "aliviados", pero añadieron que el resultado "no es motivo de celebración". "Es difícil describir el dolor que sentimos cuando fuimos declarados arguidos y tratados por la prensa como sospechosos", declaró Kate. "Esa circunstancia --añadió--, paralizó la búsqueda de Madeleine", que ahora, dijo, piensan proseguir tras consultar los documentos policiales.
DOCUMENTOS DE ACCESO LIBRE
Esos documentos secretos estarán al alcance de sus abogados, la policía británica y, aunque con restricciones, la prensa, en las próximas semanas. Tan extraordinaria accesibilidad sorprendió ayer a los juristas británicos, puesto que el caso ha sido archivado, pero no está cerrado.
La circular de la fiscalía reactivó en el Reino Unido las críticas contra la actuación de la policía portuguesa. Para empezar, el fiscal ha dejado claro que los investigadores no disponían de pruebas para inculpar a los McCann, en contra de lo que hicieron creer. El agente a cargo de la búsqueda, Gonçalo Amaral (más tarde apartado), ha negado que actuara movido por un deseo de venganza personal contra la pareja. Amaral ha prometido "explosivas revelaciones" en un libro que se dispone a publicar esta semana, y que los abogados de los McCann analizarán con lupa.
La teoría de Amaral en el sentido de que la pequeña Maddie murió por accidente cuando estaba con sus padres, y de que estos ocultaron el cadáver, no tiene ninguna base documental. Por ejemplo, las supuestas muestras de sangre y fluidos hallados en las pertenencias del matrimonio, así como en el interior de un coche --que alquilaron mucho después de la desaparición de la niña--, no tenían el ADN de Madeleine (los científicos británicos que realizaron los análisis nunca identificaron al 100% la huella genética de la niña).
FILTRACIONES ILEGALES
Ahora también está claro que la policía cometió serios e irremediables errores en las horas y días que siguieron a la desaparición de la pequeña de 3 años. La urbanización de Praia de la Luz, en el Algarve, no fue sellada, y tanto los McCann como sus amigos --y algunos residentes-- entraron y salieron del cuarto donde se vio por última vez a la niña, destruyendo así pruebas quizá fundamentales. La policía portuguesa, por último, filtró a la prensa local información confidencial e interesada de la investigación, algo ilícito en Portugal, y esa información fue reproducida después por los medios de comunicación de todo el mundo.