Si el Barça es lo que parece, la Liga debería ser suya, de la misma manera que tenía que serlo la que regaló al lastimoso Madrid de Capello, en una renuncia por la que algunos han pagado un precio muy bajo. Si es que han pagado algo. La cuestión es que hace un año el Barça también pasaba por ser de largo el mejor equipo de la Liga. Así que o no era lo que parecía o sí lo era, pero de tanto creérselo, dejó de serlo sin darse cuenta y sin que nadie le diera una bofetada a tiempo. A menudo, en el Camp Nou, pesa más lo que no se ve y lo que se calla que lo que está a la vista. Y lo que se ha vivido en el vestuario, con jugadores saltándose el código "a la torera" y el resto, desde el presidente hasta el técnico, mirando hacia otro lado, ha acabado pasándole factura al equipo en el campo.
El Barça carga ahora con esa mala fama y a él le corresponde borrar lo mucho que ha echado a perder. El fichaje de Henry ha reactivado el círculo virtuoso, pero está por ver si se desactiva por completo el círculo vicioso en el que había caído el equipo. No hay duda de que el equipo es hoy mucho mejor que ayer. En el fondo, no se duda de lo que se ve sino de lo que pueda ocurrir de puertas adentro. De quien se duerma o deje de dormir. La cuestión es si el Barça ha dejado atrás los viejos vicios y si, de verdad, vivirá para entrenar como Dios manda y no entrenará para vivir como Dios. Aunque haya quien no le ha perdonado, este equipo merecía respeto por lo que fue antes de que se dejara ir. El contador ya está a cero. Sería fantástico que el Barça sea lo que parece. Ni más ni menos.