¿Saben cuáles fueron los porcentajes de posesión de balón en el partido de ayer? 39% para el Espanyol, 61% para el Depor. ¿Cuántas ocasiones de gol, siendo generosos, tuvimos? Pongamos tres, si contamos el chut de Riera mediada la segunda parte. Las otras dos fueron de Tamudo, una el gol (y hubo quién llegó a plantearse que podíamos venderlo, madre mía). ¿En qué minuto vibraron ustedes con nuestros jugadores? Digamos que en uno o ninguno. Y a pesar de ello, señoras y señores, estamos en posiciones de UEFA, con 10 puntos como 10 soles.
En conclusión, hasta el momento nadie nos gana a rentabilizar el mal juego. Ayer nos permitimos incluso algunos fallos garrafales en defensa, quizá confiando en que si un jugador está indudablemente en buena forma estos días es Kameni: ¡qué solidez, qué seguridad! Y en cuanto a kameniadas, que vendrían a ser maragalladas en versión futbolera, las justas y en general con éxito.
Contra el Getafe la situación fue similar a la de ayer. Contra el Sevilla, quizá la cosa tuvo más mérito, aunque también le dimos las gracias a la providencia: todos aquellos nombres que dan tanto miedo --Alves, Renato, Kanouté, Duda, Adriano...-- no fueron capaces de hundirnos (ese día metimos 3 goles en cuatro ocasiones: 75% de efectividad, que tampoco está mal). El día del Recre y el del Valladolid, la jugada no salió bien, y contra el Betis, en cambio, merecimos más.
Seguro que muchos se apuntan a continuar jugando así de mal. No se pasa bien durante el partido, pero se va sumando. Otros, más románticos, preferirán un poco de brillantez. En realidad, lo que ocurre es que cuesta de imaginar que se pueda mantener esta situación. El juego tonto acabará por pagarse. Saber aprovechar las pocas oportunidades tiene su mérito, pero no siempre el rival va a tener tardes desgraciadas.
Si acaso, de los 94 minutos de ayer, verdaderamente oníricos --de sueño, y no de ensueño--, cabría destacar que hemos redescubierto a Clemente Rodríguez. Hace un par de jornadas se le crucificó por un fallo decisivo, y ayer habría que haberle hecho la ola. Es otra individualidad que añadir a la caja de pequeñas joyas que vamos recopilando este año. Y que no está muy llena.
Pero, bueno, estamos arriba, con ocho goles en seis partidos (Luis García lleva tres, como Henry). Y un día, quién sabe si no muy lejano, volverá Iván de la Peña.