El principal síntoma que delata normalmente a un Espanyol con mala salud es la incapacidad para remontar un resultado adverso. Todos hemos vivido períodos de este tipo, y son difíciles de soportar. Cuando a esto le añadimos una dificultad clamorosa para mantener una ventaja en el marcador, la enfermedad es ya de pronóstico grave.
El sábado, y mientras los diables protagonizaban la Mercè en Barcelona, otro tipo de demonios se concentraron en el estadio del Huelva para hundir a 11 barceloneses sin fiesta mayor. Ahí se citaron las dos maldiciones, la de no aguantar un gol a favor y la de no sobreponerse a los tantos del rival. El Espanyol duró media hora, y en ese rato estuvieron, primero, el golazo de Riera; después, un jugadón de crack de él mismo dentro del área que acabó en el palo --el mallorquín estuvo a un mundo de distancia del resto de sus compañeros--; y, finalmente, una opción para que Tamudo metiera el segundo, a centro de... Riera. Luego, todo acabó. Cuando el Recre, y ya que parecía que se lo estábamos pidiendo a gritos, dio la vuelta al marcador en cinco minutos, quedaba aún otra media hora para reconstruir lo destruido. Pero entonces, el Espanyol ya tenía fiebre y no había quién lo reanimara.
Me he resistido varias semanas a creer que tenemos carencia de Iván, pero cuando veo a los defensas intentar acertar el pie de Luis García a 60 metros de distancia creo firmemente que Lo Pelat es buena parte de la medicina. Lástima que los doctores no puedan acelerar su recuperación. Entretanto, no sé si es demasiado atrevido proponerlo, pero: ¿Y si jugara un poco más Jonatas?
¿La situación es alarmante? No estoy muy seguro. El año pasado, a estas alturas, llevábamos un punto menos y una derrota más. Además, esta vez no hay UEFA que distraiga. Pero, sin duda, es algo cargante, cansado, insidioso, fastidioso, un poco desesperante y, en términos democristianos, toca "los cataplines".
O sea que hoy prefiero centrarme en el atletismo. Porque los dos ganadores de la Cursa de la Mercè, Driss Lakhuaja e Isabel Eizmendi, y el segundo clasificado masculino, Mustafá Younes, son corredores de la Associació Esportiva Blanc-i-Blau, y llevaban el escudo del Espanyol en la camiseta. Esta asociación también tiene entre sus filas a María Vasco, medalla de bronce de 20 kilómetros marcha en los recientes mundiales de Osaka. ¡Viva el atletismo!