PERISCOPIO

La típica rama en medio del abismo

MANEL LUCAS
PERIODISTA

Solo cuando vi que llegábamos a la media parte con empate a cero empecé a creer que había una posibilidad de romper la racha negativa. Al menos la parte más dura de esta racha, es decir, las derrotas a lo loco y en cascada. La segunda vertiente de la crisis, la falta de gol, era ya otro cantar.

Y no me equivoqué. El Espanyol logró mantener la portería intacta tras ya no sé cuántas semanas --ni quiero contarlo para no revolcarme en la mi... perdón, en la desgracia--. Kameni estuvo de alucine --como siempre en el Camp Nou, un terreno en el que para meterle un gol hay que usar la mano--, y la defensa cerró todos los espacios que había que cerrar. Y eso, lo saben ustedes como yo, es un cambio muy importante en la tónica periquita de esta segunda vuelta que Dios confunda.

Es posible que alguien que no siga con atención nuestros últimos partidos considere que el Espanyol del derbi fue un equipo triste y poco ambicioso. Bueno, a todos los que opinen eso les pasaría un resumen de los últimos partidos, con los goles del Osasuna, el Murcia, el Athletic o el Racing, para que vieran la diferencia. El sábado no hubo cantadas ni despistes en la defensa, y solo eso ya es medio triunfo. Más todavía en un equipo con una fragilidad moral tal que a la que encaja un gol no se reanima ni con una ensalada de prozac. Lo otro, lo de meter algún día otro gol, sigue formando parte del mismo paquete de esperanzas que el fin de la sequía, o sea, que un día u otro llegará, pero nadie sabe cuándo.

Claro que no todos los equipos tienen a Touré Yaya. Quiero pensar que si cada semana la defensa cree que juega contra el Barça o el Madrid, un día no muy lejano la delantera marcará un gol.

Por tanto, el partido de este fin de semana ha sido algo así como la ramita salvadora que aparece en medio del abismo cuando el dibujo animado de turno está en caída libre. De momento, nos mantiene vivos, pero sin un poco más de ayuda no servirá por mucho tiempo.

El presi se mostró ayer optimista. Cree que aparecerá Dios, Supermán o un ovni y nos remontará hasta arriba. Bueno, prefiero tener un presidente siempre positivo que un derrotista (y, de paso, que hable sin cabrearse ni echar culpas fuera).

Pero yo sigo pensando hoy que tenemos que irnos ya de vacaciones, y preparar la próxima temporada con tiempo. A ver cuántos y quiénes seremos, por cierto.

 
PERISCOPIO, POR MANEL LUCAS
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