Cuando vi la cara de Tamudo tras el penalti fallado, me vino a la mente ese título de una célebre novela de Françoise Sagan (digo "célebre", y no "famosa", porque tengo la impresión de que, como tantas obras literarias, se conoce más por el título que por el contenido. Sin ir más lejos, yo no la he leído).
Tristeza profunda, abatimiento, desolación. Esa convicción de que el equipo está en un pozo y cada intento de salir de él termina en un resbalón pared abajo. Ayer, otra vez, y después de una interesante media hora de buen juego al principio de la segunda parte.
No sé si la mala racha empezó por un exceso de confianza. Lo que el vicepresidente Sebastián Javier ha definido esta semana como relajación. Es probable. ¿Ustedes no creían también, hoy hace exactamente tres meses (Espanyol 3- Villarreal 0), que era imposible perder?
En cambio, lo que se puede ver desde hace semanas no recuerda a unos tipos tumbados a la bartola satisfechos del trabajo hecho. Esas caras están tan largas que marcan rayas en el suelo con la barbilla.
El partido de ayer es especialmente significativo en ese sentido. Porque solo la mala suerte impidió, como mínimo, el empate. Y no sé si recuerdan cómo fue el partido contra el Athletic en la primera vuelta: remontamos el resultado gracias a un gol en propia puerta de Del Horno en el tiempo de descuento. Es decir, si el fútbol fuera tenis, se diría que las bolas que rozan la red caían antes del lado contrario y ahora del nuestro.
Me dirán: "Vale, pero esto, ¿cómo se arregla?" Pues me da la impresión de que solo con una victoria. Es decir, si los jugadores son los mismos, el esquema de juego también, y los rivales que van llegando son aquellos que caían con tanta facilidad hace unos meses, solo logrando un resultado positivo se recuperará ese ánimo que hoy está por los suelos.
Lo que, como se pueden imaginar, es un problema. Porque si para volver a ganar hay que empezar a ganar, estamos en un círculo vicioso de difícil salida.
Visto esto, si el domingo el equipo no renace, podemos volverles a silbar. Estamos en nuestro derecho y es comprensible. Pero no sé si eso va a estimular, o a hundir. Ya saben que hay quien funciona a base de piques y otros que necesitan golpecitos en la espalda. A ver de qué grupo psicológico hay más en nuestra entrañable plantilla.