Todos hemos vivido momentos en que nos gustaría haber parado por un momento el tiempo, como si fuera el rodaje de una película, y decir: "Esto no ha valido, repetimos, por favor, a ver si ahora sale mejor". Son pequeños errores, o instantes de súbito y pasajero ridículo, que pueden estropear un día que está funcionando aceptablemente bien. No me refiero a grandes equivocaciones, a trayectorias irremediablemente torcidas, sino a un gesto inadecuado, una palabra de más, una plancha leve pero molesta.
El sábado, me habría gustado poder repetir alguna toma de la grabación del partido del Bernabéu. Porque, en general, la película funcionaba. Pero un par de lapsus evitables lo alteraron todo.
Aceptarán conmigo que si alguien jugó un fútbol interesante en algún momento del encuentro --no digo durante los 90 minutos-- fue el Espanyol. Y el único gol realmente memorable es el de Valdo. Ahí sí que se notaron las horas de ensayo, y la escena había quedado impecable: córner en corto, centro medido de Luis García y la cabeza redonda del extremo que empuja la pelota a la red. Bonito de verdad.
Por eso mismo me lamento de que un rebote tonto y un penalti que debió ser considerado falta fuera del área hayan echado por tierra tanto esfuerzo. Por eso, pues, me habría gustado parar el supuesto rodaje, y decir: "Eh, repetimos, que eso que ha hecho Higuaín ha quedado fatal". O, aún más: "Árbitro, vuelva a mirarse la jugada, y comprobará que Jarque ha empezado a agarrar a Raúl fuera del área, y también verá seguramente que el madridista estaba fuera de juego". Dejamos todo eso para las tomas falsas, y vamos a grabar, ahora en serio.
Pero no. Eso no es posible. La película estaba rodada ya. Y solo le faltó ese bonus track de la expulsión de Tamudo después de que el árbitro hubiera pitado el final. Y de Kameni en el túnel de vestuarios. Que, vaya, no dudo que el reglamento lo pueda prever, pero ya me contarán cómo se puede echar a alguien del partido si no hay partido.
Total, que nos tocó quedarnos una vez más con ese mal sabor de boca de las ocasiones perdidas. Aunque también con el consuelo de pensar que, jugando así, la mayoría de las veces la película acabará bien. Podremos amarrar el resultado. Y no siempre el rival tendrá la inconmensurable potra que tuvo anteayer el Real Madrid.