Como un chicle masticado durante demasiado tiempo, como los restos de un aceptable jamón de york después de una semana, como una canción que nos daba marcha pero de tanto oírla nos suena ya cansina, como un chiste divertidísimo contado 10 o 12 veces, como unos zapatos en su día brillantes pero que tras usarlos sin descanso un montón de días lucen una triste abertura de un milímetro y medio en la puntera.
Así está el Espanyol desde el 12 de enero: gastado, sin brillantez, sombra del que fue. Cuesta creer que los jugadores que deambulan sin ánimo por el césped son aquellos que nos maravillaban por su juego o, cuando menos, por su extraordinaria capacidad para aprovechar las oportunidades o para remontar resultados.
En cambio, sí. Son los mismos. En líneas generales. Se acabó la excusa de las bajas (solo queda Tamudo). Y uno se plantea qué es más desconcertante: pensar que estos jugadores son los que encadenaron 18 partidos sin perder o, por el contrario, alucinar por cómo aquellos que nos entusiasmaban son capaces de los fiascos recientes. Es decir, nos asalta la duda sobre cuál es el Espanyol real, si el que se plantó tercero o el que encaja goles de dos en dos a las primeras de cambio y es incapaz de sobreponerse.
Probablemente, ni uno ni otro. Vale, de acuerdo. Aceptamos lo excepcional y sobredimensionado de la racha positiva de hace unas jornadas. Duele, pero se puede comprender. Ahora bien, entonces tampoco debería ser tan exagerada la crisis. Digo yo. Si hay que buscar el equilibrio, que sea por ambos lados.
Hasta ayer, era atinado, aunque poco solidario, el análisis de Luis García, cuando afirmó que los errores defensivos obligaban al resto a ir a remolque todo el partido. No sé qué le diría Jarque en la ducha, pero muchos opinaban como él. Ayer se le desmontó el argumento. Cinco minutos después del final era ya imposible recordar una sola jugada de mérito ante la portería del Depor.
En fin, un día u otro se acabará. Los aficionados podemos hacer poco más que lamentarnos, confiar en los que nos llevaron al éxtasis hace nada, y leer una novela de muchas páginas o ver una película de acción para no pensar tanto en el fútbol.
Si acaso, permítanme un comentario al margen: el último partido ganado, contra el Getafe, jugaron de entrada Rufete y Jonathan.