No se lo van a creer, pero reflexioné un rato durante el partido --mejor que mirarlo con mucho detenimiento-- y se me ocurrió algún comentario positivo que hacer después de lo de ayer. Primero, que es difícil repetir un partido tan desordenado, insulso y torpe como el que jugamos. Todos los que ayer perpetraron ese arranque de Liga tienen suficiente calidad para mejorar. Empeorar no es tan sencillo. Yo les pondría en fila y, como un profesor paciente, les diría: "¿Verdad que no lo haréis más?" Y ellos, sin duda, responderán: "No, señor." Y creo firmemente que es posible que no vuelvan a dar un espectáculo tan penoso.
Segundo comentario consolador: también es fácil, tras la derrota, sacar conclusiones y lecciones sobre la alineación, incluso contando con la epidemia traumatológica que nos acucia. Sin duda, Valverde estará hoy dándole vueltas a esa decisión de colocar a Valdo, que es un extremo, en punta, y en su primer partido serio con el Espanyol. Y seguro que piensa también si Jonathan Soriano merece alguna oportunidad mejor, dado que, hasta nueva orden, es el sustituto natural de Tamudo.
Por tanto, aunque sea a costa de haber palmado ante otro recién ascendido, digamos que el marasmo de ayer nos servirá para seguir una semana con la pretemporada.
Si quieren más reflexiones en positivo, pueden pensar que en dos o tres semanas ya no tendremos a Tamudo e Iván lesionados, y que Rufete vuelve ya. Por tanto, hay motivo para confiar en que ya está más cerca el día en que no habrá que parchear el equipo. Realmente, esto de las lesiones ha sido de escándalo. Si me apuran, como el apagón de Endesa y las averías de Renfe, pero sin poder echarle la culpa al Gobierno.
Consuélense también, después de ver el partidazo ante el Valladolid, imaginando en lo que estaríamos diciendo ahora si Riera hubiera acabado en el Ajax. Si en el Lluís Companys hubo alguien que dio un toque de calidad ayer, fue él. Bueno, y Kameni, con ese par de paradones.
Y finalmente, hagan un salto atrás en el tiempo y piensen que hace un año nos pasó lo mismo: fuimos el tío de buen rollo que recibe con los brazos abiertos al recién llegado. Y luego, bien que disfrutamos.
En conclusión, esperen un poco a rasgarse las vestiduras: desde aquí solo podemos ir hacia arriba. Y tengan un recuerdo para David García, que encima lo tuvo que mirar desde casa con hepatitis. ¡Ánimo!