Llegué a pensar ayer que al Espanyol del 2008 le sienta mal jugar después de comer. Dios me libre de meterme con la dieta, pero los ridículos más vergonzosos de las últimas semanas se han cometido en partidos a las cinco de la tarde, tanto el del Valladolid como el de ayer y el de Almería. También fue a esa hora la derrota contra el Betis, aunque en esa ocasión hubo más mala suerte que otra cosa. En cambio, la noche fue propicia contra Villarreal y Getafe.
No sé si será cuestión de biorritmos, pero hay un Espanyol Doctor Jeckyll y otro Mister Hyde este año, y cada uno sale a una hora distinta. En este caso, no obstante, el ser siniestro es el que aparece con la luz del sol, y no como en la novela de Stevenson. Lo que tiene su parte positiva: el próximo encuentro, contra el Sevilla, es de noche.
Pero vaya, ¿qué significa que un mismo equipo pueda salir un día como el Correcaminos y otra como el gato Tristón? ¿No podemos exigirle a una plantilla profesional un poco de coherencia? Lo de ayer va más allá de un simple problema de exceso de bajas. Hay un motor de arranque gripado que no se puede tolerar. Naturalmente, se podrá argumentar que ya nos hubiera gustado a principio de temporada lamentar hoy que hemos bajado al quinto lugar. Por supuesto, eso es cierto en el largo plazo. Pero en el corto, comprobar que no estamos más arriba por una pájara evitable pues ¿qué les voy a decir? Cabrea.
Aunque la preocupación principal es por Jonathan. Ha pasado la noche hospitalizado por una conmoción cerebral. Esperemos que no pase de un susto y que regrese a la titularidad que se gana paso a paso.
Y ahora, vamos con los consuelos. El primero, el debut de Ewerthon, con gol incluido. En las condiciones en que empezó, es muy prometedor. Segundo, por fin se ha terminado la Copa de África. Sabe mal que, una vez en la final, el equipo de Kameni no lograra el título. Pero lo cierto es que por aquí andamos huérfanos de seguridad en la portería. Es triste que Casilla no haya podido sobreponerse al pánico escénico de un estreno en estado de emergencia. Nada es definitivo, pero ahora hace falta alguien que tranquilice a los defensas.
Finalmente, ayer el consuelo me lo dio el baloncesto. La Copa del Rey la ganó la Penya, un equipo nacido desde la base, con un cuidado especial por la cantera. Algo que los periquitos valoramos especialmente. Felicidades. Se las merecen.