Gracias al Valencia y al Sevilla casi podemos hacer como que no ha pasado nada. Acaba la jornada, y estamos nueve puntos por encima del séptimo clasificado, es decir, el primero que se queda fuera de plazas europeas. Cierto que hemos bajado al quinto lugar, o sea, sin Champions, pero si esto fuera ciclismo, podríamos dar el relevo a otro miembro del grupo de escapados en cualquier momento.
Vale. Ese es el mensaje tranquilizador. Y no es poco. Pero, entre nosotros, menuda empanada la de la primera parte del partido de ayer. El equipo parecía una tropa de indios de un wéstern de serie B, esos que se quedaban parados a la espera de que los cowboys acabaran con ellos de siete en siete. Después, intentar remediar el estropicio en media hora tiene sus riesgos. Por ejemplo, que no sea suficiente.
En fin. Cuando perdemos un partido, sobre todo cuando hemos demostrado que podemos ganar a quien sea, solemos creer que será el último. Yo lo pensé tras lo de Almería, y de nuevo esta. El talento sigue siendo el mismo, y la frescura y la concentración se pueden recuperar. Lo esperamos.
Cuidado con las lesiones
Por cierto, hablando de recuperar: El asunto de las lesiones sí que empieza a ser preocupante. De hecho, es lo único que ahora debe inquietarnos. La de Dani Jarque lleva semanas siendo un problema "de un par de días", a Iván de la Peña están por ponerle su nombre a un consultorio de la enfermería, y yo propongo un rezo colectivo por que lo de Albert Riera sea fugaz.
Más alegre fue la celebración de la fiesta anual de las peñas, el sábado, cuando aún no se había consumado la empanada vallisoletana. Da gusto ver el entusiasmo de centenares de personas que, después de lo que han tenido que ver en tantos años, siguen siendo periquitos sin fisuras. Algunos --como aquel hombre que se bordó el escudo en un traje en 1962-- han vivido los cuatro descensos, por ejemplo. O la muerte de Sarrià. Han sufrido derrotas deprimentes y han aguantado fichajes de otro planeta: o sea, marcianos. Pero como seguir a un equipo no es racional, ¿qué les va a desanimar? Cada año imaginan que será el del gran despegue, y este, precisamente, la imaginación tiene unos límites concretos: está entre Cornellà y Europa.
El sábado se quedaron sin poder jalear a los jugadores, que se estaban preparando para perder en Valladolid. Daba igual: ahí estaban Adriana, la crack del femenino, y el mítico Toni, ese portero que, no siendo camerunés, sino de La Garriga, logró cautivarnos muchos años. Anteayer lo volvió a comprobar él mismo.