Lo que más lamento es que todo esto me pilla demasiado mayor para haberme ido ayer al aeropuerto de El Prat --para ir a la estación del AVE tendría que ser seguidor del Valladolid, ya saben-- a abrazar jugadores por doquier, con entusiasmo y pasión casi de vergüenza ajena.
Mi exteriorización se quedó en casa --o sea que, en realidad, fue interiorización--, y se limitó a saltos de euforia tras cada gol y movimientos nerviosos alrededor del televisor durante esos minutos en que costaba tanto resolver el partido. Bueno, y algunos besos rituales a la bufanda y a los cromos que encontré por ahí.
Pero mi sueño era poder felicitar personalmente a los responsables de que estas fiestas me parezcan tan luminosas --y no me refiero a los funcionarios encargados de la iluminación navideña--. Que los estadísticos rebusquen en la documentación para saber cuánto tiempo hacía que no acabábamos el año en Champions. Pero todos tenemos claro que no ha ocurrido mucho en los últimos años. Yo estoy dispuesto a acostumbrarme a ello en cuanto se me ordene. Pero por ahora, seré solemne y hablaré de momento histórico.
Fíjense si es gordo el asunto que, entre el final de nuestro encuentro y el principio del Barça-Real Madrid, me descubrí a mí mismo elucubrando sobre qué resultado era más conveniente para los intereses del Espanyol, y concluyendo que, igual, interesaba un empate, para que no se nos escapara mucho ninguno de los dos. Lo sé, parece presuntuoso, pero es que la realidad, semana a semana, se empeña en darnos alas a los periquitos. Lo que tiene su lógica biológica, por supuesto.
Aún más: la próxima jornada jugamos contra el Villarreal, en casa. En estos momentos, más que miedo, me parece una nueva oportunidad de seguir ascendiendo. Luego ya se verá, pero que nos quiten lo soñado.
¿Era Telemadrid?
En medio de este panorama, me voy a permitir un comentario al margen sobre la transmisión del partido. ¿Alguien se planteó que los catalanes también podíamos comprar el partido de Digital +? Lo digo porque el analista del encuentro se empeñó en comentarlo todo desde la óptica del Atlético. A ver si creyó que estaba hablando por Telemadrid.
No vamos a insistir más en ello. Hoy por hoy, nadie puede quitarnos esta ilusión: ¡Periquitos, feliz navidad y próspero año Champions!