Escribo esto mientras tengo aún el rictus contrahecho por la tontería esa de los cinco minutos finales. Además, me parece que se me ha desencajado alguna pieza de la espalda cuando he saltado del sofá por el ataque repentino y momentáneo de rabia tras el empate del Zaragoza. Diría que voy a necesitar un masaje contundente para recomponerme. Igual de contundente que la bronca que, espero, les habrá echado Valverde a los jugadores.
Creo que se lo merecen los que demostraron en siete minutos que eran capaces de dar la vuelta a un partido, de jugar como los ángeles durante toda la primera parte, y que por un ridículo exceso de confianza no supieron mantener el resultado. Pero, ¿es que creemos que jugamos solos? El Zaragoza puede estar en horas bajas, pero, ¡por Dios!, sigue siendo un equipo importante.
Paradójicamente, la desgracia del Espanyol fue lograr tres goles con tanta facilidad. Desde ese momento se notó un aumento de la autoestima que primero sirvió para elaborar jugadas de FIFA World Player, pero que acabó por traicionar al equipo.
No estaba tan chupado
En términos escolares, el Espanyol, que durante semanas fue como un niño superdotado que solo se motiva ante los retos complicados, parecía ayer un alumno confiado que se olvida de estudiar porque cree que el examen está "chupado". Y va el tío y saca un aprobado justito.
Es posible que el cabreo me esté durando más de la cuenta porque en cinco minutos se me cargaron el articulo previsto. Cuando ya tenía escrita una enumeración de hipérboles, y estaba a punto de rematar pidiendo la Creu de Sant Jordi para Tamudo, llegó la chorrada del empate. Lo cual no significa que no siga pensando que nuestro capitán merece un monumento en el centro de Barcelona, y el Nobel de fútbol si existiera. Ayer me tuvo medio partido haciéndole la ola (que cuando se hace en solitario pierde mucho, créanme). También dediqué besos y aplausos al resto de blanquiazules, que solo necesitan llevar en la frente un post it que les recuerde los resultados del día del Betis y el del Recre. Bueno, y ahora el de Zaragoza.
En fin, felices los periquitos que se enteraron del resultado al final. Habrán podido saborear lo único positivo de ayer: que llevamos ya once jornadas sin perder, y que seguimos en posiciones europeas.