Ha llegado un momento en el que resulta casi imposible imaginar un Espanyol sin Raúl Tamudo. El delantero de Santa Coloma de Gramenet lleva una década dando guerra en Primera. El 19 de octubre cumplirá 30 años como líder de la nave blanquiazul, que volverá a confiar en sus goles para abordar grandes retos. Cada verano surgen rumores, pero el capitán sigue ahí. Esta vez fue el Villarreal el que preguntó por él, pero la respuesta fue clara: Tamudo se mira, pero no se toca.
Tamudo lleva el fútbol en la sangre desde pequeñito, desde que jugaba con su hermano Paco y sus amigos en la calle Massanet de Santa Coloma. Allí, en el humilde barrio del Fondo, Raúl creció esquivando coches y ancianos, aporreando con el balón las persianas de los garajes. "Era la mejor forma de pasar el tiempo libre. Teníamos locos a todos los vecinos", recuerda.
En el Espanyol ha batido todo tipo de registros. Desde su debut en Alicante el 23 de marzo de 1997, Tamudo ha jugado 283 partidos de Liga y ha marcado 113 tantos, récord por delante de Rafa Marañón (111). Ha ganado dos Copas y acarició la UEFA el año pasado. "Cuando empecé ni en mis mejores sueños hubiera imaginado algo así".
Aunque jamás se parecerá a su ídolo Marco van Basten --su estilo de juego es muy diferente--, su eficacia está fuera de dudas. El Villarreal se lanzó a por su fichaje después de vender a Forlán, pero el Espanyol frenó el golpe en seco. Tamudo es un símbolo en Montjuïc y encontrarle un sustituto será una misión difícil en el futuro. "Fue una gran oferta, pero ya es agua pasada. Nunca pensé en irme. Si quisiera más dinero ya hace tiempo que no estaría en el Espanyol. Siempre he dicho que quiero acabar mi carrera aquí", aseguró el delantero. "Hay cosas que el dinero no puede pagar", repite una y otra vez el colomense, que ya estuvo a punto de marcharse al Glasgow Rangers hace siete años.
MEJORA DE CONTRATO
Una vez más, el Espanyol se ha visto obligado a mejorar el contrato de su estrella, que también ha tenido que superar malos momentos. El año pasado, por ejemplo, cuando las cosas no empezaron bien en la Liga, algunos sectores le apuntaron como el "cáncer" del Espanyol. El capitán calló y respondió a su manera: marcando goles y besando el escudo para demostrar su implicación. Acabó la Liga con 15 tantos y birló el campeonato al Barça en una noche en la que silenció el Camp Nou.
Satisfecho por mantener la base, con sus compinches Luis García y De la Peña al frente, el capitán solo piensa en seguir haciendo historia con el Espanyol. Una lesión le impedirá jugar mañana. Ya tendrá tiempo para volver a ser decisivo.