Decía Ángel, el canterano que ayer fue titular ante el Deportivo, que el equipo tenía una deuda pendiente: "Nos falta conquistar a la grada de Montjuïc, hacer un buen partido, dar una imagen positiva". Veinticuatro horas después de sus sinceras declaraciones, el Espanyol ganó al Deportivo por la mínima gracias a otra letal aparición dentro del área del incombustible Tamudo. Un gol que dio tres puntos de oro para que el equipo respire tranquilo por la zona noble de la clasificación. Otra cosa fue la imagen del bloque. El Espanyol no conquistó con su juego a la grada perica. Ni mucho menos. El equipo logró una victoria resultadista en un malísimo encuentro. La empanada blanquiazul fue total, pero se ganó, que era lo que importaba cuando se juega mal. Es la ley del deporte profesional.
Si Tamudo dio el gol del triunfo local en el último minuto de la primera parte, Kameni tuvo mucha parte de culpa de que el Deportivo no sentenciara el encuentro con tres llegadas claras. Fue el portero camerunés el que metió al conjunto catalán en el partido. Kameni abortó un disparo a Lafita, otro a Guardado y un tercero a Xisco. El Espanyol se mantenía vivo por los aciertos del guardameta. El Deportivo, a partir de la media hora de partido, creaba una oportunidad de gol cada cinco minutos aprovechando los graves errores de la zaga y el centro del campo rival. La desesperada salida de Kameni provocó el fallo en el disparo de Lafita (m. 30). Luego el mexicano Guardado pudo adelantar al Depor, pero se entrometió el camerunés (m. 36). Más tarde Xisco no supo batir a Kameni tras recibir un regalo de Jarque (m. 40).
Hasta ese instante el Espanyol solo había llegado una vez con cierto peligro: un centro de Zabaleta acabó con una espuela de Tamudo (m. 13). Entre esa acción del capitán y su gol, el conjunto de Valverde apenas demostró nada. Solo intenciones y bastantes errores en la salida del balón. No hubo ritmo, ni profundidad. No hubo nada. Solo aburrimiento y un equipo que hizo un montón de kilómetros persiguiendo el balón. Luis García certificó tras el partido estas malas vibraciones que partían del césped. "Ha sido un partido cero para el espectador".
SIN BALÓN
El Espanyol vivió durante toda la segunda parte del agónico tanto de Tamudo. El equipo se desentendió del ataque estático y del control del balón. El grupo de Valverde se escudó atrás, protegió a Kameni y apostó por el contrataque, el arma preferida de los pericos desde hace mucho tiempo. La apuesta parecía arriesgada, pero fue inteligente. Primero, porque el equipo no había estado nada fino en la primera parte. Segundo, porque el grupo se notó más protegido cediendo 20 metros al rival y, tercero, porque le dio la posesión de balón al Depor, un rival que se atraganta cuando tiene que mandar sobre el césped.
EL PATADÓN
El Deportivo tuvo el balón durante toda la segunda mitad --probablemente el equipo de Valverde apenas tuvo un 20% de posesión de balón--, pero al menos Kameni no tuvo que intervenir en el último instante para salvar a su equipo. El camerunés intervino de otra forma, con más asiduidad, pero los balones eran más sencillos de atrapar --aunque Coloccini envió un balón al poste con Kameni bien colocado (m. 60)--. Eso sí, la grada se impacientó ante la falta de juego.
El Espanyol solo creó tres contrataques y dos disparos desde lejos en 45 minutos. Se dedicó a destruir, al pase largo, al patadón, al despeje sin remilgos. Entraron Lacruz, Moisés y Jonatas para asegurar el triunfo. El Depor acabó sin fuerzas para buscar el empate. El Espanyol jugó fatal, pero ganó. Suma 10 puntos y está en puestos de UEFA. Así es el fútbol resultadista. Nadie se acordará de este encuentro dentro de unos meses.