El Espanyol recuperó ayer en el Sánchez Pizjuán parte del botín que se dejó en sus anteriores salidas. El equipo de Ernesto Valverde, el mismo que fracasó ante el Betis y que se dejó remontar en Huelva, logró ayer una valiosísima victoria ante un Sevilla que completó una segunda parte espectacular pero sucumbió ante el acierto de Kameni y la eficacia del ataque catalán. Tres ocasiones tuvo el Espanyol y tres goles marcó para consumar la venganza de la final de la UEFA de Glasgow (2-3).
Fue un pulso vibrante, de aquellos que enganchan al espectador del minuto 1 al 90. Valverde había dejado muy claro el lunes que no quería un equipo conformista. No se podían perder más partidos por tonterías. El Sánchez Pizjuán era una dura prueba para enderezar el rumbo y el Espanyol no defraudó. Jugó con inteligencia, supo sufrir hasta el final y se llevó la recompensa.
GOL DE ÁNGEL
Valverde y Juande Ramos optaron por las rotaciones. Un calendario apretado obliga a realizar estas concesiones al rival. El preparador blanquiazul cambió a los dos laterales y Moisés entró en la sala de máquinas para aportar consistencia. En el ataque, Valdo sustituyó a Coro, Jonatas se colocó de mediapunta y Luis García de delantero centro, por lo que Tamudo se quedó en el banquillo. Parecía una apuesta algo conservadora, pero Valverde conoce muy bien al Sevilla y su planteamiento funcionó en la primera mitad, en la que el bloque andaluz fue una sombra del conjunto que maravilló la pasada temporada.
El Espanyol también se vio beneficiado de los errores de Juande Ramos. Incomprensiblemente, el técnico jugó en casa con solo un delantero (Kerzhakov) y un inoperante Renato de enganche. Dejó fuera a Kanouté y Koné, y se decantó por Duda en lugar del habilidoso Capel en la izquierda. Regaló 45 minutos.
La presión blanquiazul asfixió a los andaluces, que no encontraron salida de balón con un Maresca muy previsible. Sin frescura, con un ritmo lento y sin ideas, el Sevilla solo inquietó por la banda derecha, con las entradas de Alves y Navas. Un tiro de Renato (m. 5) y un mano a mano de Kerzhakov con Kameni (m. 7) fueron las mejores ocasiones de un Sevilla que se desvaneció después. Luis García dio el primer aviso (m. 21) y Ángel adelantó al Espanyol (m. 30) ante la pasividad de los centrales locales. El canterano paró el balón, se colocó a placer, miró a Palop y enganchó un misil imparable.
La cuestión era obligada. ¿Aguantaría al fin el Espanyol un marcador lejos de Montjuïc o volvería a diluirse tras el descanso? En la segunda mitad esperaba un carrusel de emociones similar al de Glasgow. Juande Ramos rectificó su táctica y dio entrada a Capel y Koné, un extraordinario delantero procedente del PSV.
REACCIÓN LOCAL
El Sevilla salió como un cañón, con un Navas imparable por la derecha, pero el Espanyol volvió a golpear con un gran remate de Luis García (m. 53). Dos ocasiones, dos goles. Máxima eficacia. Pero el campeón de la UEFA no se rindió nunca y protagonizó una reacción espléndida. De manual. Con una afición entregada sin descanso, el Sevilla recortó distancias con un autogol de Jarque en un centro más de Navas (m. 59). No había duda. La última media hora sería un martirio, un sufrimiento para el Espanyol, que volvía a temerse lo peor.
Un cabezazo por la escuadra de Koné puso las tablas (m. 67) y el pulso se convirtió en una sucesión de ocasiones y fútbol del bueno. El Sevilla tuvo varias oportunidades para ganar, pero Kameni lo impidió. Tamudo, que entró por Valdo casi para perder tiempo, aprovechó una indecisión para marcar un gol de pillo (m. 87). Parecía increíble. El equipo de Valverde, que estaba grogui, se llevó un premio fantástico. Esta vez la fortuna fue blanquiazul.