
1 - LEVANTE
1 - ESPANYOL
Qué mal rollo! ¡Qué caras! ¡Qué pensamientos! Si el partido de ayer se hubiera celebrado hace seis o siete meses en la primera vuelta del campeonato, Ernesto Valverde hubiera sido destituido nada más llegar a Barcelona. Por las caras, por los gestos, por las llamadas que hicieron y recibieron los hombres del palco, de los directivos que acompañaron ayer al equipo a Valencia, se hubiera podido certificar la muerte deportiva del técnico. Y eso que el equipo blanquiazul no perdió en el Ciutat de València, pero es que el Levante fue tan inferior al Espanyol que el juego del grupo de Valverde supo a muy poco.
El Espanyol disparó desde todas las posiciones, chutó más que en los últimos seis partidos de Liga, pero el ritmo facilón, la ausencia de intensidad y la poca velocidad que pusieron los de Valverde fueron claves para ese mísero empate a uno ante el colista. Este empate puede definir la planificación deportiva del próximo curso. Por esas llamadas, por ese enfado general y porque en el consejo también existe el forofismo.
RECUPERAR EL PRESTIGIO
Era un domingo idóneo para recuperar el prestigio perdido por el mal juego de la segunda vuelta. Era una jornada para reencontrarse con el triunfo tras seis jornadas. Era un día para buscar la victoria ante el último. El Espanyol no podía fallar. Todo estaba a su favor. Pero el equipo debía poner de su parte. Debía imponer el ritmo al partido, debía de combinar, de acercarse al área rival, y debía marcar, la gran asignatura pendiente en los últimos partidos. El equipo, además, estaba obligado a sumar tres puntos en su intento por lograr una plaza europea.
Sin embargo, el Espanyol dio la impresión de salir a medio gas. Por la ausencia de tensión, de ritmo alto, de empuje, dio la sensación de que los dos conjuntos estuvieran disputando un partido de pretemporada. Sí que es verdad que el equipo de Valverde llegó al área visitante con más facilidad que otras veces. Sí que es verdad que combinó más rato y mejor, pero también es verdad que el Espanyol pareció un bloque que se dejó llevar, que no salió con la idea de matar el partido. El equipo realizó un partido correcto. No sufría y presentaba sus credenciales arriba, pero sin hacer daño en la finalización. Rufete, que se fundió en la segunda parte, fue el hombre que inundó de ideas al ataque blanquiazul. Y chutaron casi todos: Jonathan, Ewerthon, Riera, Zabaleta, el propio Rufete, Ángel... Pero no marcaron.
El Levante jugó con un hombre menos durante un cuarto de hora de la segunda parte, hasta la expulsión de Torrejón. En ese tiempo solo creó una jugada de gol. El equipo siguió con ese ritmo cansino que benefició tanto al Levante, escaso de recursos defensivos. Las subidas de Chica y las intermitencias de Riera fueron lo mejor en esos instantes. Hasta que apareció la pifia defensiva, el error individual. Juanma robó el balón a Ángel y se fue a por Lafuente. Eran cuatro delanteros para dos defensas. Gol inapelable (m. 77) y enfado monumental de Valverde.
JARQUE, DE ARIETE
Y llegaron las prisas, y apareció la presión, y la intensidad, y la quinta marcha. Y el equipo buscó el empate con Jarque de delantero centro. Y volvieron a fallar claras ocasiones de gol hasta que Álvaro cometió penalti sobre Luis García (m. 90). Un penalti que no ocultó el enfado de Valverde. El equipo se dejó ir en el Ciutat de València. "Ya tengo ganas de que se acabe la Liga", sentenció el presidente del Espanyol. Amén.