EL PARTIDO DE MONTJUÏC (publicado 28-4-2008)

El Espanyol logra un empate que
no sirve para nada


JUAN TERRATS
BARCELONA

ESPANYOL - 1
ZARAGOZA - 1

Lo dijo ayer Dani Sánchez Llibre: "Este empate no nos lleva a ningún sitio". Y así es. El empate a uno que logró ayer el Espanyol ante un Zaragoza que sigue en los puestos de descenso solo sirvió para las estadísticas: para volver a ver puerta después de cinco jornadas de sequía goleadora, para llevar dos partidos sin perder después de cuatro sonoras derrotas, para alejarse más de los puestos europeos a falta de 12 puntos para el final de la competición. El grupo de Valverde confirmó que no está bien, que la cabeza no funciona, que el equipo pone carácter e interés, pero le falta fútbol. Lo mejor que le puede pasar al equipo es que la Liga termine cuanto antes y la secretaría técnica comience a trabajar en serio de cara a la temporada que viene, la primera en Cornellà, con la idea de remozar una plantilla que está agotada después de tres temporadas que ha rendido al máximo.
Ayer el Espanyol ofreció una imagen más seria ante un Zaragoza desconocido que está luchando por evitar el descenso en una temporada para olvidar. La alineación visitante daba miedo sobre el papel. Es un equipo confeccionado a golpe de talonario. Aimar, Luccin, Oliveira, Matuzalem, Sergio García, Celades, Gabi, Diogo, Juanfran, Pavón..., pero luego sobre el césped se pasó el susto inicial. Enseguida se comprobó que el Zaragoza vive agarrotado por la tensión del descenso. Los jugadores ya no manejan el balón con tanta soltura com hace unas temporadas. Además, es un equipo con una mandíbula de cristal. Se le aprieta y se descompone.
Al Espanyol le costó poner orden en sus líneas. Le costó cerrar a Oliveira que estaba haciendo daño con su simple presencia entre los dos centrales. Una vez superado este desorden inicial, solo con carácter, actitud y fuerza fue haciéndose con el pulso del encuentro. Este equipo no tenía nada ver con el que perdió en casa ante el Racing y Osasuna. Estaba claro que el empate de hace ocho días en el Camp Nou había ido muy bien al vestuario. Al grupo se le notaba confiado, incluso el centro del campo había dado un paso al frente, especialmente Ángel, que se le vio con más presencia ofensiva. Era un primer paso con vistas a lograr el triunfo para seguir soñando en Europa, vía UEFA o Intertoto. El segundo paso era encontrar el camino del gol. Ahí el equipo pinchó.

SIN LLEGADA
Es duro ver como Tamudo, la referencia ofensiva, apenas tiene ocasiones para batir al portero rival. No hay forma. El equipo adolece de llegada, de pase de gol, de letales movimientos ofensivos, y vive de la acción personal, de la jugada individual. Al Espanyol le falta juego interior y desborde por la banda, casi nada. En los primeros 45 minutos solo disparó una vez a puerta, desde lejos (Riera, minuto 19) y creó una acción por la banda (Valdo, minuto 24). Poco más. Eso sí, el Espanyol estuvo mucho más contundente y centrado en la faceta defensiva. Kameni solo intervino en un excelente disparo de Gabi (m. 21).

UN GOL EXTRAÑO
La sensación en el descanso era que el Zaragoza no marcaría en Montjuïc, que el Espanyol tenía controlado el partido a pesar de su floja actuación en ataque. Eso sí, faltaba por saber si el equipo de Valverde podría romper el maleficio del gol en la segunda parte --el equipo llevaba cinco jornadas sin marcar-- ante un Zaragoza que daba la sensación de rendirse si se le apretaba más arriba. Sucedió que Riera sacó un centro-chut que sorprendió a todos, a César el primero. Fue un centro que se convirtió en un disparo letal (m. 58).

OCASIÓN DE LUIS GARCÍA
Estaba cantado que el Espanyol se decantaría por el contrataque. El único problema es que los de Valverde cometían demasiadas faltas al borde del área, la única posibilidad del Zaragoza para marcar. Y este contrataque apareció en dos ocasiones. Jonathan cedió un balón de oro que nadie remató (m. 75) y luego Luis García falló a puerta vacía (m. 77). El Zaragoza empató de penalti (m. 84). Una falta terminó con el balón contra la barrera, en un brazo de Rufete. El empate no contentó a nadie.