El partido del Camp Nou (publicado 20-4-2008)

Un soberbio Kameni frena a un Barça muy ineficaz


MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

BARCELONA - 0
ESPANYOL - 0

Centró Iniesta de forma sencilla, pero eficaz, saltó Etoo para cabecear, pero no llegó. Y Kameni se levantó para coger el balón con elegancia y solvencia. Así, en una de las jugadas finales del derbi, quedó retratado el partido. El Barça quiso ganar y hasta pudo hacerlo, pero topó con un portero, el del Espanyol, al que no se le doblaron las manos en una noche tormentosa, con el árbitro repartiendo tarjetas amarillas como quien regala caramelos a la puerta de un colegio. Y el empate final no le vale a ninguno. Al Barça para nada; al Espanyol, un poco.

Ni con Messi. Ni con Iniesta. Ni con Bojan. Ni con Etoo, que tuvo multitud de ocasiones y no acertó en ninguna. Estuvieron 90 minutos y no marcaron ni un solo gol. Podrían haber estado toda la noche disparando y no marcar nunca. Ha perdido el Barça el ángel del gol. Y así, claro, es realmente imposible ganar los partidos como ha quedado demostrado en las dos últimas citas en el Camp Nou: 0-0 contra el Getafe y 0-0 contra el Espanyol.

Al principio, cualquier parecido con el derbi resultó pura coincidencia. Una birria de partido en los primeros 20 minutos. No mejoró mucho después, eso es cierto, pero, al menos, se vio algo. Viniendo de la nada, algo parece una inmensidad. Algo fueron las ocasiones de Gudjohnsen, impreciso el islandés, el disparo que repelió el larguero de Zambrotta, atrevido el italiano, o el cabezazo de Xavi, inteligente como siempre el centrocampista. Todo eso sucedió en apenas tres minutos, mientras Valverde, el técnico del Espanyol, se desesperaba por la candidez e inocencia de sus jugadores, que apenas asustaron a Valdés, el meta azulgrana, con un par de disparos desde fuera del área.

Con relatar que la mejor ovación de la primera parte se la dedicó el Camp Nou a Messi cuando cabalgó por la banda para calentar sus músculos queda todo dicho. Hasta entonces, pases absurdamente fallados, controles increíblemente errados y un partido que no parecía de Primera División. El Espanyol estaba insípido. Sin chispa. Aletargado, sin que los cambios de Valverde en la alineación (entraron Rufete y Coro en lugar de Valdo y Riera) agitaran al equipo blanquiazul.

MESSI E INIESTA REVOLUCIONAN
Después, ya en la segunda mitad, cuando Rijkaard rescató del banquillo a Messi e Iniesta, el partido fue otro. Tan distinto resultó el derbi que Kameni se transformó en el héroe blanquiazul con intervenciones decisivas. En apenas un cuarto de hora, el Barça jugaba mucho más y bastante mejor, creando mucho peligro. Lógico. ¿Por qué? Con Messi e Iniesta es difícil, diríase que imposible casi, que un equipo no juegue bien a fútbol. Pero todo lo que generaban ambos lo desperdiciaba luego un inestable Etoo. Muy trabajador, pero demasiados disparos y ningún gol. Como si Kameni, su compatriota, conociera, y de memoria, todos los atajos del delantero azulgrana.

En esos instantes, el Espanyol presentó su dimisión, parapetado tras las fiables manos de su portero, sin cruzar apenas el centro del campo, a pesar de que Valverde intentó reanimarlo con la entrada de Rufete y Ewerthon. Pero no hubo manera. También es verdad que pasada la tormenta del arranque de la segunda parte, el Barça se fue apagando, consumiéndose en su ineficacia. Incapaz de romper al Espanyol, abandonado por el gol.