CUARTA DERROTA CONSECUTIVA | EL PARTIDO DE MONTJUÏC (publicado 14-4-2008)

El Espanyol se para


JUAN TERRATS
BARCELONA

0 - ESPANYOL
1 - OSASUNA

Ernesto Valverde decía el pasado sábado en la última rueda de prensa de la semana que "lo de este año es para hacer un máster". Pues sí, para hacer un máster o una tesina sobre cómo un equipo de fútbol tira una plaza europea en una segunda vuelta de descenso. Ya no es noticia que el Espanyol perdiera en casa ante Osasuna, un equipo que lucha por eludir el descenso (0-1). La derrota perica ya no sorprende a nadie. Ni a esos 21.150 espectadores que terminaron el encuentro mostrando pañuelos y pitando al equipo por su escasa producción futbolística. Esas 10 derrotas en 13 partidos han hecho mucho daño a una plantilla que ya no sabe qué hacer para cortar esta sangría de malos resultados. Visto lo visto, lo mejor que le puede pasar a este equipo sin confianza ni juego es que se acabe la Liga ya. Pero faltan seis jornadas que pueden convertirse en un tormento para el conjunto blanquiazul.
Nadie entiende nada. Nadie sabe qué hacer para que el grupo vuelva al camino correcto, a la senda de la primera vuelta, a los triunfos, al buen juego, a la regularidad de antaño. Ya no sirven ni las reuniones en el vestuario, ni las sesiones de vídeo, ni los mea culpa, ni las arengas, ni las terapias de grupo, ni los cambios en las alineaciones, ni las tácticas. El equipo ha pasado de jugar el balón por abajo a lanzar el balón al quinto pinto, en desplazamientos kilométricos difíciles de controlar por los delanteros. El Espanyol ya no sabe jugar el balón con los pivotes, que se han convertido en privilegiados espectadores. Las derrotas han atenazado a un equipo que está en caída libre. Y los contrarios saben de estas miserias y ya plantean el partido en busca del gol. Los rivales aprietan arriba y el Espanyol se desmorona como un castillo de naipes, unas veces fallan los centrales; otras los laterales, y, a veces los pivotes. Ayer, en cambio, falló Kameni, que no supo atajar un centro de Plasil. Astudillo pasaba por allí y metió el pie. Osasuna había marcado sin chutar (m. 30). Éste es el dilema blanquiazul, que el rival tampoco hace nada y marca.

NI GANA NI EMPATA
El partido era de empate a cero. El Espanyol no creaba peligro, aunque Osasuna tampoco daba la impresión de ser un equipo confiado en sus fuerzas. Pero el error del camerunés cambió el guión del Espanyol, un equipo que no sabe ganar, pero tampoco empatar --su último empate es de principios de diciembre del 2007 en Zaragoza (3-3)--, y muchas veces los empates sirven para tapar las crisis deportivas. Como dice Valverde, las derrotas lo cambian todo. Y el Espanyol ha cambiado tanto que nadie en Montjuïc entiende lo que le pasa al equipo, ni siquiera el banquillo. Lo único cierto es que el Espanyol solo generó dos cabezazos (de Valdo) en la primera parte (minutos 16 y 42). Éste fue el pobre resultado del poder realizador de un conjunto agarrotado que antes veía puerta con suma facilidad.
Quedaban 45 minutos para rectificar, para buscar el gol del empate, para cambiar la dinámica de otro partido que se escapaba al equipo de Valverde, que dio entrada a Riera, Jonathan y Jordi, que debutó en Montjuïc. Era la apuesta ofensiva de un desesperado técnico blanquiazul. Pero el problema no era una línea, sino de todo el grupo. Nadie se salva de la quema. El Espanyol jugó al patadón en busca de Tamudo y compañía, en busca de un gol que no llegó porque tampoco creó ocasiones de gol. Coro remató sin convicción (m. 69) y Tamudo chutó una vez con la mala fortuna que Cruchaga sacó el balón en la misma línea de gol (m. 74). Y se acabó.