
1 - ATHLETIC
0 - ESPANYOL
El Espanyol continúa negado en la segunda vuelta. Pasan los partidos y las derrotas siguen cayendo y manchando un expediente que tenía muy buena pinta a principios de año. En tres meses todo se ha tirado por la borda. El equipo de Ernesto Valverde solo ha sumado nueve puntos en la segunda vuelta, nueve puntos en 12 partidos, y sigue en caída libre. Ayer el batacazo tocó en San Mamés (1-0). Con una primera parte pobre y una segunda más que notable, con penalti fallado incluido, el bloque catalán no tuvo suficiente para traer algo positivo.
Parece que no hay forma humana de que el Espanyol recupere las buenas sensaciones. En esta ocasión, ni siquiera una segunda mitad brillante sirvió para recuperar algo de crédito. El equipo mereció algo más. Cierto. Pero ya son demasiados encuentros en los que se repiten los mismos errores que han llevado a una dinámica perdedora sin fin. La fórmula del fracaso es muy sencilla. Los jugadores empiezan dormidos, el rival se crece y llega el primer gol en contra antes del cuarto de hora. A partir de ahí desconexión general y riesgo de hecatombe. Esta vez, al menos, hubo síntomas de reacción pero la fortuna no acompañó.
Valverde ya no sabe qué inventar. El banquillo tampoco le ofrece muchas alternativas, sobre todo en la zona de atrás. Ayer, mantuvo intacta la defensa y dio la titularidad a Ángel en lugar de Lola en el doble pivote, mientras que Rufete entró en la banda derecha y desplazó a Valdo a la izquierda. Riera volvió a ser el gran sacrificado ante un Athletic en línea ascendente, que aseguró la salvación tras seis jornadas sin perder.
La fragilidad blanquiazul contrasta con la fortaleza del equipo de Joaquín Caparrós, un técnico serio capaz de sacar el máximo rendimiento a sus jugadores. Sus equipos no maravillan, pero la eficacia es innegable. Con un 4-1-4-1, con Yeste como director de orquesta por delante de la defensa, los leones se apoderaron del balón desde el pitido inicial y dieron el primer golpe en el minuto 13, cuando el incisivo Garmendia cabeceó un buen centro de Gabilondo. La historia se repetía con un Torrejón descolocado que volvió a evidenciar su mal estado de forma.
CORO Y RIERA, REVULSIVOS
El guión era calcado al de los últimos encuentros. Con la defensa como un flan, un centro del campo espeso y la pareja invisible formada por Tamudo y Luis García, el pulso pintaba muy mal. Un poste de Rufete (m. 38) fue la única señal de vida del Espanyol, que sobrevivió de forma milagrosa en dos ocasiones clarísimas de Javi Martínez (m. 27) y Susaeta (m. 45).
Cualquiera hubiera vaticinado otra goleada como las sufridas ante el Murcia y el Racing, pero esta vez el Espanyol dio un golpe en la mesa. Lastrado por la lesión de Yeste, el Athletic se echó atrás y el equipo catalán mostró su mejor versión con la entrada de Riera y Coro. El interior mallorquín tuvo el gol en sus botas tras un error de Iraola, pero falló (m. 62). Una mano no pitada de Amorebieta en el área (m. 65) incrementó el enfado y la ansiedad del Espanyol, que se encontró con la oportunidad de oro para empatar. El árbitro pitó penalti por un derribo de Susaeta a Tamudo (m. 72), pero el delantero completó una tarde aciaga enviando el lanzamiento fuera.
Ese error acabó de hundir al Espanyol. El capitán lanzó con tanta rabia que tiró el balón por encima del larguero. Riera y Coro lo siguieron intentando, pero sin suerte en la definición, y el Athletic se aferró a la magia de San Mamés para hurgar en la herida perica.