
REAL MADRID -2
ESPANYOL -1
El Madrid se reencontró con la victoria ante un rival algo escaso de ambición. El Espanyol se adelantó en el marcador, pero no supo rematar a un enemigo que anda muy justo y que tuvo que recibir un empujoncito para llevarse los tres puntos y reafirmas su liderato. Un polémico penalti de Jarque sobre Raúl decidió un encuentro discreto (2-1), en el que los de Schuster sacaron petróleo de su escaso juego.
El Madrid no está para muchas cosas. Arrastra una fuerte depresión tras el adiós en la Champions y se encuentra en el diván del psicólogo intentando frenar su caída libre y agarrarse a la Liga, la única hoja que le queda al trébol. En esas circunstancias no puede extrañar que un equipo cuajado y con las ideas claras le saque de foco. El Espanyol, que salió muy enchufado, necesitó un minuto para mostrar sus intenciones, en un disparo de Jonathan que paró Casillas. Fue como una declaración de intenciones.
Enfrente había poco o muy poco que ver. De eso se dio cuenta el público, que comenzó a pitar a los seis minutos. Con un fútbol plano, el Madrid parecía aturdido y con un vacío casi absoluto. Guti apenas aparecía, Robinho menos. Por los costados tampoco había señales de Torres y Marcelo. Todo eso hizo que el Espanyol viviera muy cómodo.
NERVIOS EN LA GRADA
A tanta carencia volvieron a sumarse los problemas defensivos. Otra vez un balón parado la dejó en evidencia. Una jugada ensayada terminó en un centro de Luis García que Valdo cabeceó en el segundo palo (m. 29).
El gol devolvió el mosqueo al público, entre otras cosas porque su equipo ni se acercaba a la portería de Kameni. Lo hizo por primera vez a cinco minutos del descanso en una falta lanzada por Baptista a la que respondió el meta camerunés con una gran intervención. Poco después, un chispazo de Marcelo, que se marchó de Zabaleta, acabó en un centro que remató Higuaín desde cerca y que Kameni introdujo en su portería (m. 42). El Madrid subió el ánimo con el empate. Lo contrario que el Espanyol, que destiló un cierto conformismo sin reparar en que tenía una gran ocasión para volver a ganar en el Bernabéu después de 12 años sin hacerlo. Para buscarlo salió Tamudo, al que el estadio le dedicó una gran ovación por su gol al Barça la pasada campaña.
Con Drenthe metido en el papel de revolucionario, el Madrid encontró una vía para alegrarse la noche. La otra llegó por medio de un penalti discutido en un agarrón de Jarque a Raúl fuera del área, aunque en el forcejeo el delantero terminó cayendo dentro. El propio Raúl transformó la pena máxima para lograr su gol 200 en Liga.
Un tanto que despertó al Espanyol, que se fue arriba con todo, pero que careció de puntería. Tamudo, que volvía al equipo, encontró un muro en Pepe. La sequía del delantero, que vio la roja con el choque concluido, le vino de perlas al Madrid, que guardó el resultado como un tesoro. Le sirvió para aumentar la renta con el Barça a ocho puntos, a la espera del choque de hoy ante el Villarreal. También para disipar su crisis tras el precipitado adiós a Europa y frenar su caída libre tras dos derrotas consecutivas.