
DEPORTIVO - 1
ESPANYOL - 0
Tres puntos de 21 posibles. Seis derrotas en siete encuentros. Otro fiasco ante un rival, el Deportivo, que lucha por eludir el descenso. El Espanyol sigue dilapidando la golosa diferencia de puntos que logró en la primera vuelta de una forma insensata. Peligrosa. Después de la dolorosa derrota de ayer en Riazor, el equipo, el club, el socio, el accionista, el españolismo, ha dejado de hablar de la Champions y de la UEFA. Ahora, visto el mal juego del grupo de Valverde ante el Depor, hay que ceñirse a la Liga, a esos 43 puntos que dan la salvación. No hay más. Ni juego, ni goles, ni verticalidad, ni confianza, ni sistema. Ni victorias. Solo hay actitud y garra, y solo con estos conceptos no se hace nada en Primera División. Bueno, sí, perder con una pasmosa facilidad ante el Depor en Riazor, que sentenció el duelo con dos goles en 23 minutos.
Ernesto Valverde, el técnico del Espanyol, ha estado apagando fuegos desde que el equipo ha comenzado a fundirse desde el inicio de la segunda vuelta. El preparador blanquiazul ha estado poniendo buena cara al mal tiempo de las derrotas y ha estado pidiendo calma y derrochando confianza en el juego de su plantilla. Daba igual que el Espanyol hubiera sumado tres puntos de los últimos 18 posibles. La arenga de Valverde siempre ha sido positiva, no veía mal al equipo, ni su actitud, ni su forma física, ni su forma de jugar. Además, el equipo estaba lastrado por las numerosas lesiones en una plantilla corta. Todo eran disculpas. Pero Valverde se había cansado de tantos desencuentros y el pasado sábado ya avisó de que el equipo debía volver a las senda de los triunfos ante el Deportivo.
Por tanto, el partido de Riazor era la prueba definitiva para saber cómo estaba el equipo, si mantenía la confianza en su juego a pesar de tantas derrotas, si la cabeza estaba en su sitio, si la plantilla no había acrecentado sus dudas por culpa de los últimos resultados. El test era contra el Deportivo de Lotina, un rival acuciado por los resultados y agarrotado por el fantasma del descenso.
MUCHAS FACILIDADES
Pues resultó que el Espanyol permitió que el conjunto coruñés sentenciara el partido en 23 minutos al aprovechar los errores individuales y colectivos de un equipo que está permitiendo absolutamente todo a sus rivales. Al menos si se tiene un mal día, si no sale nada, el Espanyol debería tener capacidad para aguantar el empate inicial. Pero, por lo visto ayer, ni eso. Coloccini y Lafita, los autores de los goles gallegos, marcaron con tanta facilidad que no se lo creían (minutos 17 y 23). El Deportivo se convirtió en el tercer rival consecutivo que marca al Espanyol dos goles en los minutos iniciales.
El problema es que luego el grupo de Valverde no pudo reaccionar. Se le indigestó el sistema de tres centrales que diseñó Lotina y naufragó en Riazor con un fútbol inconsistente, plano, insulso, sin verticalidad ni gol. El Espanyol solo jugó en horizontal, lento y mal. Es tremendo que los jugadores que probaron más el disparo fueran Chica y David García, los laterales.
No hubo bandas, ni centro del campo, ni salida de balón, ni contrataque --solo fabricó uno en 90 minutos--. No hubo nada de nada. Solo Kameni estuvo bien. El resto no apareció por Riazor. Eso sí, hubo actitud porque el equipo buscó el gol hasta el final. Pero se equivocó en las formas. El Espanyol ya se ha olvidado hasta de atacar. Y de ganar. Malo.