¡Qué decepción! ¡Qué resultado tan inesperado! ¡Qué empate más ridículo! El Espanyol tiró por la borda su excelente trabajo sobre el campo en un minuto. ¡Qué minuto más caótico, en el que los jugadores blanquiazules no aguantaron la presión y cometieron errores de bulto, fallos infantiles! ¿Cómo es posible que una plantilla que ha ido cogiendo veteranía en la Copa de la UEFA se vaya del partido y cometa tantos errores en tan solo 60 segundos cuando el Betis jugaba a la desesperada porque no le salía nada, porque el Espanyol era muy superior? Un partido que hubiera tenido que acabar con una goleada perica, terminó con un empate, una igualada merecida por no saber leer el partido, por no saber esconder el balón, por no creerse que eran superiores. Fue un empate justo por tontos.
La victoria del Valladolid en el debut de la Liga en Montjuïc saltó las alarmas en varios estamentos del club. De la paz de la pretemporada se pasó en 90 minutos a un pesimismo descorazonador y casi habitual en este club que pasa de la euforia al pesimismo en una tarde desafortunada, pasa de controlar el partido a tirarlo en un minuto. Por tanto, el partido del Ruiz de Lopera era una buena prueba, un test serio, para evaluar la situación de la plantilla. El Espanyol debía de aprovechar su visita a un estadio talismán --el equipo blanquiazul solo había perdido una vez en su últimos 11 enfrentamientos--, el grupo debía sacudirse esa desconfianza en su juego que nació tras la derrota de hace ocho días. Estaba claro que no se podía repetir el inicio de la pasada Liga: dos partidos, dos derrotas y muchos nervios.
Tardó el equipo en plantarse en el campo. Le costó entrar en el partido, quizá por el fantasma de la derrota de Montjuïc, quizá por ese insoportable calor --35 grados-- que debía superar, quizá por esas pérdidas de balón, sobre todo de Valdo, que jugó por la banda derecha, que permitieron que el Betis cogiera descolocada a la defensa visitante. Pero esas indecisiones duraron unos minutos.
LUIS GARCÍA, ESTILETE
Cuando el equipo se asentó, cogió el balón, ahuyento malas sensaciones y recuerdos cercanos, la máquina blanquiazul comenzó a mandar en el Ruiz de Lopera. Avisó Valdo, Clemente y Zabaleta, pero el balón solo hacía que pasearse por el área de Ricardo, ¡Qué pena! El Espanyol estaba mandando en Sevilla, pero el gol no aparecía. La superioridad era aplastante. ¡Qué cambio más radical con respecto al juego de la primera jornada en casa! ¿Qué había cambiado? La respuesta: muchas cosas.
Kameni ya no sacó a lo largo y se dedicó a pasar en corto, los centrocampistas ayudaron por todo el campo y había un buen trato de balón y los laterales subieron con peligro por las bandas. Clemente, que debutaba en la Liga, y Zabaleta fueron los autores de los dos centros que acabaron en gol. Sucedió en una primera parte marcada por el dominio visitante y los pitos de la grada por el juego del Betis, que no podía, que esperaba en su área, que no lograba robar el balón. Las apariciones de Zabaleta y Clemente (minutos 33 y 41) permitieron marcar a Luis García, que remató a placer en las dos acciones, aunque el segundo gol fue exquisito, de internacional: control, giro y disparo en medio segundo letal. Ricardo ni se enteró.
ERRORES ENCADENADOS
El Espanyol pudo sentenciar en la segunda parte. Luis García pudo marcar dos goles más, uno de sus disparos dio en el palo (m. 78). El equipo era muy superior hasta que llegaron los errores infantiles. Primero fue Kameni en su falsa salida (m. 83) y luego Moisés perdió un balón que nunca debió perder y Sobis remató al superar a una zaga descolocada (m. 84). De una victoria clara se pasó a un empate deprimente. En un minuto de locos. Y de tontos.