Sería lo más fácil comenzar repitiendo las palabras del filósofo, al fin y al cabo, el verano parece responder a ese tiempo que se engloba desde el final de una Liga hasta el comienzo de la siguiente. Además, si repasamos los temas de actualidad, veremos que no difieren mucho de los que nos entretenían hace unos meses, a saber: la calidad del juego del Madrid, el verdadero nivel competitivo del Barça, la consistencia del Sevilla para consolidarse como candidato al título, el Valencia y su capacidad para convertir el club en una falla...
Vale, les concedo que a día de hoy no tenemos a ningún equipo metido en las angustias del descenso y, como decía Valverde el otro día, estamos en el momento de enganchar a nuestro público con el juego del equipo. Estamos, en definitiva, en el momento de las ilusiones y de los nuevos proyectos. A propósito, yo también firmo lo de que el Espanyol llegue a la Champions.
En cuanto al Barça, tengo la impresión de que ha completado una gran plantilla, llena de calidad individual, repleta de soluciones, a rebosar de importantes egos. Y esa es la asignatura que suspendieron los azulgranas el curso pasado. ¿Será este diferente? ¿Habrán aprendido todos de los errores cometidos? Es un año en el que vamos a estar tan pendientes de lo que ocurra dentro del terreno de juego como fuera. Cada gesto, cada mirada, cada palabra que salga de las bocas de los azulgranas van a ser puestas en observación. ¿Cuántos pases recibe Etoo de Henry? ¿Cuántos salen de las botas del camerunés para Messi? ¿Cómo se abrazan tras los goles, a quién se los dedican? ¿Quién le hizo un caño a quién en el último rondo? ¿Por qué sonreía aquel que se quedó en el banquillo? Y si no lo hacía, ¿por qué estaba con tan mala cara?
Como diría Jabo Irureta, la salsa rosa del fútbol será el principal enemigo del Barça durante la semana. Tanto que, tal vez, alguna vez llegue al sábado sin saber muy bien contra quién juega. Y ese sería un pésimo síntoma.
¿Y el Madrid? Reconozco que para mí es en estos momentos una gran incógnita. Tras ganar una Liga jugando mal, pero a base de una gran fe (esto del fútbol tiene mucho que ver con cuestiones esotérico-mágicas) y con una extraña conjunción con un público decepcionado por lo que veía en el césped pero animado por lo que cada semana decía el teletexto, se me hace difícil calibrar el potencial blanco. Diría que dispone de muy buenos jugadores, algunos excelentes, tiene calidad individual y tras el campeonato anterior ha crecido en personalidad. A todo esto hay que sumar que cuando un equipo grande como el Madrid es capaz de ganar jugando mal, la conclusión es que, cuando lo haga bien, será imparable. ¿Será esto cierto? ¿Conseguirá Schuster conjugar juego y resultados? ¿Podrá mantenerse aislado de la presión del entorno madridista? No será por personalidad, que le sobra a Bernd, pero ese otro partido es muy difícil de ganar. El comienzo ha sido de todo menos brillante. Pero amigos, así empezaron el año pasado y acabaron llevándose el campeonato.
Para cerrar, un vistazo a los pericos. Han mantenido el bloque, y esa es una buena señal, pero este año no tienen el bidón de autoestima que les supuso la UEFA en la temporada pasada. Este año toca gestión doméstica y sus aficionados tendrán que conformarse con la competición local y olvidarse de los jueves mágicos. La mejor forma para que vuelvan es estar arriba en la Liga o avanzar hasta la final de la Copa. Nueva temporada, nuevas ilusiones.
¡Ah, por cierto! De momento el único que ha ganado algo y ya es supercampeón antes de que comience el baile es el Sevilla.
Esto no ha hecho más que empezar.