LA TEMPORADA AZULGRANA | EL PARTIDO DEL CAMP NOU (PUBLICADO EL 23-9-07 )

Messi levanta al Barça (2-1)



MESSI Y DECO CELEBRAN EL GOL DEL ARGENTINO. J. COTRINA
MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

Hay partidos que se ganan gracias a los genios, como anoche hizo Leo Messi, con dos goles y, al mismo tiempo, una exhibición de talento incontenible. Hay partidos que se ganan por el corazón, como el Barça, que quiso dedicar el triunfo a Ronaldinho. Tras cada gol, el argentino, el nuevo niño mimado del barcelonismo, hizo el gesto surfero de su amigo, ausente ayer por una sospechosa lesión, e indicó con las dos manos abiertas el 10, el número de Ronnie, una prueba de que no le dejarán solo. Y ahora, cuando está cuestionado, menos que nunca.
Tal vez no resultara un partido espectacular. Pero sí intenso. El Sevilla, por si alguien lo ha olvidado, es un equipazo. Desde Palop a Kanouté, hecho pacientemente, a quien no le importa enviar el balón a la grada para perder tiempo o trazar una sencilla, pero deliciosa jugada que puso la angustia en el Camp Nou cuando Dragutinovic, un poderoso defensa de zancada larga, subió la banda izquierda, colocó un centro en la cabeza de Renato, un inteligente centrocampista brasileño que llega al área con veneno, y la madera ayudó a Valdés. El exquisito cabezazo de Renato silenció el estadio y demostró que el Sevilla no está para bromas. El Barça, tampoco.

EL MEJOR INIESTA
A los 10 minutos de partido, con Iniesta disfrazado de Ronaldinho, del bueno, del auténtico, el equipo de Rijkaard acorraló al Sevilla. Algo que no es nada fácil. En menos de 10 minutos, con Messi regateando hasta su sombra, el Barça creó tres ocasiones de peligro. Después, el encuentro se apagó porque el Sevilla quiso. Y porque el Barcelona, en el que Henry apenas destacó, no pudo romper el entramado defensivo del conjunto andaluz. No era brillante, pero sí interesante. No era un partido alocado porque ni Rijkaard ni Juande permitieron que sus jugadores se desbocaran. Orden, orden y más orden.

DISPAROS LEJANOS
No resulta extraño, por tanto, que entre tanta disciplina solo los disparos lejanos de Abidal, excelente zurdazo el suyo, de Touré y hasta de Deco alteraran la tranquilidad de Palop, un portero que sirve para todo. Para rechazar los balones y para ralentizar el ritmo del partido. Cuando más loco se ponía, más lento iba Palop. Así también se juegan algunos encuentros, sobre todo si anda el Sevilla de rival, un equipo que ha hecho de este manual de conducta una llave hacia el éxito. A falta de ocasiones, el Barça peleó anoche cada pelota como si le fuera la vida. Y así terminó ganando.
Con el Sevilla no hay otro remedio. O corres como ellos o si no pierdes. Y, además, nadie narcotiza mejor un partido que el Sevilla. Coloca una inyección a la pelota y la sensación de modorra se traslada incluso a la grada. Así empezó la segunda mitad, hasta que Iniesta, por la izquierda, decidió convertirse en el dueño. Otra vez. Excepcional Andrés. En el regate, en el control, en el pase, en la inteligencia futbolística, en la clarividencia. Ingenio ya se sabe que tiene. Talento, también. Y personalidad nadie se la discute. Pero hacer todas esas cosas ante el Sevilla tiene doble valor.

HENRY, AL POSTE
Dani Alves, el lateral por quien Chelsea y Madrid iban a pagar casi 40 millones de euros este verano, se mareó cada vez que veía a Iniesta delante suyo y el balón en sus pies. Textual. A Andrés solo le acompañaba Messi porque de Henry ni rastro alguno. Está perdido el francés y no llega al remate cuando debe. O cuando parecía que podía llegar hasta que Márquez le dejo solo ante Palop con un excelente pase en profundidad, pero el poste impidió el gol del francés. Cuatro jornadas de Liga, tres disparos a la madera lleva Henry. A la espera del francés y de que regrese Ronaldinho, Messi puede con todo.
Iniesta encandiló a la gente y Leo la maravilló de tal manera que la hizo levantarse de sus asientos para festejar otra noche prodigiosa suya. Rijkaard terminó sin chaqueta y arremangado, pero mereció la pena al sentirse orgulloso de su Barça.

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