
BARCELONA - 6
VALENCIA - 0
Un mes y medio ha tardado el Barça en reencontrarse con la victoria en la Liga. Suficiente tiempo para que el equipo no aspire a nada y su gente ande cabreada como una mona. Esa ominosa racha se cerró ayer. Tarde, demasiado tarde, pero con brillantez. Con una goleada que permitió redescubrir la calidad de una plantilla que ha malgastado innumerables oportunidades para evitar el clima de crispación que se ha instalado en el Camp Nou y que ayer quedó aplacado por el 6-0. Tan decepcionada anda la hinchada azulgrana que apenas saboreó que el rival a quien le restregó una mano por la cara fuera el Valencia.
Desde el 23 de marzo (4-1 al Valladolid), no solo no goleaba el Barça, sino que ni siquiera ganaba un partido. Pero ayer, cinco encuentros después de la última alegría liguera, en un perfecto inicio de partido, los azulgranas enchufaron a la red los tres primeros remates. Encarrilaron una cita delicada y se regalaron una goleada que aplacó los ánimos de un estadio que se ha vaciado con el paso de las semanas y obligó a esconder los pañuelos. Noventa minutos después, debían haber vuelto esos pañuelos para premiar la actuación de los hombres de Rijkaard.
FESTIVAL INÚTIL
No reaparecieron esos pañuelos porque esa espectacular goleada fue tan reconfortante como inútil. Más inútil que el 0-6 que este mismo Barça le endosó el 20 de abril del año pasado al Atlético en el Calderón. Entonces, conservaba opciones de ser campeón. Ahora no le queda ninguna. Lo único que no ha cambiado en este año transcurrido ha sido Leo Messi. En Madrid anotó dos goles. Ayer solo uno, el primero, pero fue el hombre clave para el festival anotador. Su velocidad fue un vendaval que desarboló a un patético Valencia, que ya no tiene a Ronald Koeman para culparle de todos sus males que le han llevado a las puertas del descenso. Sus males tienen su origen en el mismo lugar: en el césped, en las pobres prestaciones que han ofrecido sus hombres.
UN MUÑECO ZARANDEADO
Quedó evidenciado en el caso del Barça. El Henry de ayer no tuvo nada que ver con el Henry de los últimos meses, entusiasta y efectivo, con dos goles que no mquillan una irregular temporada. En cambio, los dos de Bojan Krkic sirvieron para alumbrar un poco de esperanza hacia el futuro.
No hubo partido porque al cuarto de hora ya estaba todo resuelto. Era imposible que el Valencia pudiera resultar tan pesado e incómodo como en la Copa. No tenía nada que defender. En realidad, no defendió. Messi abrió en canal la zaga levantina y a lomos del argentino el Barça cabalgó por el césped como no lo había hecho esta temporada, hasta convertir a Hildebrand en un muñeco zarandeado. El héroe levantino de la Copa, que lo paró todo en el Camp Nou en la eliminatoria de marzo, ayer solo se sacó los guantes. Para tirarlos al suelo, desesperado y humillado.
Los goles dieron una indestructible confianza al Barça, que por un día se sintió seguro de lo que hacía, de la vigencia de su libro de estilo. Estaba el Messi de siempre, había reaparecido Henry, se volvía a ver al viejo Deco y al Xavi que pisa al área. Aunque Márquez flojeó de mediocentro, los interiores movieron el balón con rapidez e inteligencia, desarticulando el juego brusco que intentaron hacer Baraja y Marchena.
BOJAN RELEVA A MESSI
El Valencia se rindió en el descanso y su ambición se redujo a no encajar más goles. Encajó los mismos. Cuando Messi perdió gas, apareció en el campo Bojan, que marcó dos goles prácticamente a puerta vacía. En el campo estaban los fieles de Voro --Albelda y Angulo reaparecieron--, pero solo dio pequeñas señales de vida David Villa, y de lejos. Cuando se acercaba al área, chocaba con un sólido Puyol que cerró muy bien la parcela central con Thuram.
No mostró el Barça ningún tipo de piedad, igual que nadie se ha compadecido de sus flaquezas. Los de Rijkaard mantuvieron el mismo ritmo y la misma ambición hasta el final. Justo lo que tantas veces se le ha demandado y tantas veces ha escatimado. Una actuación completa y espectacular que confundió y desconcertó aún más a la gente, que se marchó maldiciendo por lo que pudo haber sido y no será.