El partido DE RIAZOR (publicado 27-4-2008)

Este Barça no cuenta


MARCOS LÓPEZ
A CORUÑA

DEPORTIVO - 2
BARÇA - 0

Si están aburridos, pasénse por el área del Barça y disfruten de un festival. El Deportivo, un grupo de jugadores voluntariosos y con ilusión, sometió a un cruel castigo al equipo de Rijkaard, al miserable equipo lleno de suplentes que volvió a encajar otra dolorosa derrota. Ya no cuenta para nada. Ni siquiera para ser segundo en la Liga, otra muestra del dramático declive de un Barça que bate récords negativos.
Lleva tres partidos consecutivos sin marcar un gol, ha sumado solo siete puntos de los últimos 27 en juego y avergüenza a todo aquel que lo ama. El martes le espera la final de Old Trafford, pero mientras, da pena. Sonroja verlo en una miserable segunda vuelta de la Liga donde se ha derrumbado con estrépito. Como anoche sucedió en Riazor, como antes ocurrió en Huelva, en Sevilla, en el derbi, ante el Getafe...
Y eso que, por calificarlo de alguna manera, el partido resultó extraño. A veces, inexplicable. Iba y venía el balón sin gobierno alguno. Atacaba el Barça, o lo pretendía, y después se levantaba el Deportivo. Pero no había nada de belleza en ese desordenado y caótico tráfico de la pelota. Era lento, previsible y oscuro, solo iluminado por el desparpajo de Bojan, un niño que no entiende de encuentros aburridos. Los demás, apagadísimos. Solo Touré. Tal vez se debiera a que Rijkaard improvisó un Barça B, promoviendo el debut de Pinto en la portería, para trampear la visita a Riazor. Pero ni eso sirve de coartada. No resulta tolerable.

SIN 'PEQUEÑOS'
Del equipo que empató con el Manchester solo permanecieron tres piezas (Zambrotta, Márquez y Touré), pero dos de ellas con funciones bien distintas. Con Iniesta (sancionado) y Xavi (a quien Rijkaard dio descanso) en casa, el Barça prescindió de los pequeños, los que dan estilo al Barça, porque Deco se quedó inicialmente en el banquillo. O sea, un centro del campo insólito --hacía un año y 11 meses que no se veía un trío sin ningún pequeño-- y el Barça lo pagó. Márquez ejerció de pivote defensivo, Touré, de interior derecho, y Gudjohnsen, de interior zurdo. Mucho carruaje, pero poca claridad con el balón (si acaso el jugador marfileño), como si fueran de un tosco equipo inglés.

UN PASO ATRÁS
El Deportivo, siguiendo la biblia del venerable Lotina, un técnico conservador, empezó el partido dando un paso atrás. O dos. Y esperó al Barça. Hasta que se percató de que tenía un equipo que no era quien debía ser. Pasados los primeros 20 minutos, sometió a Pinto a un ataque de nervios. El debutante salvó antes un disparo de Lafita, pero después se enredó en una jugada cómica que acabó con un remate al travesaño de Xisco, otra ocasión para Lopo y una posterior para Juan Rodríguez. Todo en la misma acción, con Pinto protestando como un loco sin que nadie le hiciera caso.
Así andaba el Barça. Con el portero gritando y el delantero centro desesperado. ¿Quién era el nueve? Pues Henry. Tanto se ha quejado de no jugar en su sitio que Rijkaard le colocó ahí. Como si nada. Iniciaba el desmarque y no le veían. Pedía el pase al pie y se lo daban al espacio. Corría para conectar con Bojan y perdía la pelota. Así, una tras otra. De tan mala manera que, en los cinco minutos finales, Rijkaard ordenó que se marchara a la banda izquierda para dejarle ese puesto a Bojan, el único delantero con claridad. Tiene una linterna para abrirse paso entre la rutinaria oscuridad ofensiva del Barça.
Tras el paso atrás inicial, el Deportivo supo que lo tenía fácil. Puso ilusión, cierto orden, más ambición y nada más empezar la segunda mitad ya ganaba. Lógico. La defensa azulgrana permitió que Juan Rodríguez se tomara un café tranquilamente en el área pequeña antes de batir a un indefenso Pinto. Así, desarmado, impotente, inerte y miserable, cayó el Barça anoche en Riazor. ¿Perdón, era el Barça?

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