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Koeman echó al Barça de la Copa y Laudrup fundió las últimas posibilidades que quedaban a los azulgranas para reengancharse a la Liga. Los dos célebres excomponentes del dream team ayudaron al equipo arrebatando puntos al Madrid, pero el mal que ocasionaron a un Barça débil y menguante ha sido mayor. La incapacidad de marcarle un gol a un Getafe que está más cerca del descenso que de Europa revela la impotencia de un equipo que solo puede agarrarse a la Champions, esta vez sí, para salvarse de la hoguera.
El Barça hizo lo imposible por no sucumbir al negro destino que le aguarda. Anoche no mereció despedirse de forma tan lastimosa del campo ni de la Liga, rodeado de una persistente pañolada. No iba dirigida al árbitro, que estuvo mal y contemplativo con el Getafe, sino al equipo. Y no fue el día que más lo mereciera. Los azulgranas remataron hasta tres veces al palo izquierdo de Abbondanzieri. Primero Etoo (m. 18), luego Giovani (m. 53) y por último Xavi (m. 68).
Desde que Schuster desenterró el hacha de guerra el año pasado tras el célebre e inolvidable jugadón de Messi, el Getafe ha dejado de ir con el lirio en la mano. Desde entonces, el Barça no ha ganado a los madrileños, que siempre habían caído en el Camp Nou. El once madrileño no ha abandonado ese espíritu con Laudrup, que pertenece a la liga antiviolencia. Con el pie fuerte, y sin contemplaciones, defendió su territorio, con las líneas muy prietas junto a Abbondanzieri. Los camilleros solo aparecieron para socorrer a los madrileños, y no fue porque el Barça repartiera estopa, sino porque pagaron su debilidad muscular. El jueves batallaron en Múnich, ayer en el Camp Nou, recibirán de nuevo al Bayern esta semana y les espera la final de Copa dentro de 10 días.
ACOSO CONSTANTE
Las interrupciones del juego y el buen hacer del Getafe provocaron cortocircuitos en el Barça. Sin poder mantener una velocidad de crucero, cada parón obligaba a los azulgranas a comenzar de cero cada vez. Medio trabajo estaba hecho: su acoso constante le permitió que se jugara en el campo de un Getafe abrigado hasta las cejas, aunque fue el primero que disparó a portería. Valdés rechazó un remate mano a mano con Manu del moral (m. 5) que crispó más a la hinchada que al equipo. Hubo un amago de pitos que no pasó a mayores.
El Barça se fue entonando con el transcurrir del tiempo al ver que llegaba con cierta facilidad al marco visitante. Xavi e Iniesta, bien socorridos por un Touré diezmado, encontraron resquicios hasta los tres cuartos de campo. La multitud que se agolpaba en el área les impidió ver más allá. Los tres delanteros tuvieron algunos lances de inspiración, pero breves e inconexos. Una colada de Henry, un remate de Etoo, un regate de Bojan... Xavi e Iniesta acabaron fundidos, como el resto de sus compañeros.
CINCO LESIONADOS
La debilidad física del Getafe fue comparable a la del Barça. Rijkaard tuvo que sustituir en el descanso a Milito y a Etoo, que arrastraban una pubalgia y una contractura en el gemelo, respectivamente. Precisamente los jugadores que habían rematado con más peligro en el primer tiempo. Milito chutó a bocajarro al cuerpo de Abbondanzieri (ocupaba el puesto del también lesionado Ustari) y Etoo chutó al poste en una maravillosa combinación colectiva de los azulgranas. Tal vez la única que remitía a los viejos tiempos de este proyecto.
Entraron Márquez y Giovani y en esos cambios, a pesar de lo tocados que estaban los sustituidos, el Barça no mejoró sustancialmente. Ni siquiera con un menor índice de interrupciones y parones. Ahí se vio que los problemas locales eran más profundos. La decadencia azulgrana tienen más que ver con el ánimo del equipo, que no puede sacarse de encima la melancolía que le atenaza por ver que no volverá a ser el que era. Más que nada porque no estaban en el campo ninguno los cuatro jugadores que condujeron al Barça a la cima.
UN EQUIPO MENOR
La marcha de Etoo agravó hasta límites insostenibles las ausencias de Messi, Deco y Ronaldinho, que no por asumidas dejan de ser gravísimas. Estaba Henry, pero Henry conduce a temer que tampoco será el que era. Era el líder de la delantera completada por Bojan y Giovani --el ataque suplente de los amistosos de pretemporada en Escocia-- y fue el que estuvo peor de los tres. Ni siquiera llegó a rematar al marco de Abbondanzieri, como sí hizo Gudjohnsen, en el último suspiro que exhaló el Barça a falta de un cuarto de hora para el final.