BETIS - 3
BARCELONA - 2
El Ruiz de Lopera vio al Barça de las dos caras. A uno bueno, solvente, casi pletórico. Pero también al peor de todos. Un equipo desquiciado, perdido, al que le flojean las piernas cuando recibe la primera bofetada. El Barça se dejó robar la cartera, los tres puntos y no solo la Liga, sino esa segunda plaza que da acceso directo a la Champions después de que el Villarreal venciera anoche al Atlético.
El Barça regaló de forma miserable un partido que tenía ganado, y no es la primera vez esta temporada, donde ha comenzado marcando en muchas ocasiones para dilapidar después una ventaja preciosa. Como ayer. Bojan y Etoo habían resuelto en apenas 16 minutos un partido que los comités tardaron dos semanas en decidir dónde se jugaba. Acallaron el Ruiz de Lopera, pero el exceso de confianza condenó de nuevo a los azulgranas, avergonzando a Rijkaard y a la hinchada y desencajando a un Laporta que desde el palco vio la enésima prueba de la descomposición del proyecto.
El Barça se apoderó del balón, del campo y adormeció al rival. Tanto, que acabó por dormirse también él. Y lo hizo en la segunda mitad ante un Betis que en los primeros 45 minutos apenas se había acercado al área. Valdés era un espectador, los azulgranas no hicieron la primera falta, de Thuram, hasta el minuto 30 y casi la única aproximación rival al área azulgrana fue un córner, en el minuto 40, celebrado por la afición como si fuera medio gol. Pues ese Betis tan miserable, al que le quedaba solo un hilillo de vida, se comió al Barça en la segunda.
En esos segundos 45 minutos se pudo ver todo lo malo del equipo catalán. No es nada nuevo, desde luego, pero pasan las jornadas, la Liga se escapa y nadie hace nada para arreglarlo. El Barça no solo es capaz de dejar con algo de resuello al rival. Es tan generoso, pardillo, que incluso le permite meterse en el partido.
Y el Betis lo hizo a lo grande, para locura de su afición, que se frotaba los ojos y no se creía lo que estaba viendo. Los verdiblancos desplumaron al Barça sin compasión. Y empezaron de la única forma que podían hacerlo, como ya advirtió Rijkaard el día antes. Centro al área y Edu, de cabeza, acortaba distancias. El Barça seguía ganando, cierto, pero ese gol pareció valer por dos o por tres. Los que acabarían cayendo.
PENALTI PARADO
Todo el control que exhibió el equipo azulgrana en la primera mitad se evaporó. Todo lo bueno y exquisito que demostró, se esfumó tristemente. Se convirtió en una caricatura de sí mismo y el Betis se rió a carcajadas a su costa. No sirvió ni que Valdés parara un penalti tras otra ingenuidad de Abidal. El Barça no solo no supo sacar la rabia, si es que sabe qué es eso, tras la acción del meta, sino que en la jugada siguiente, tras un córner, Juanito fusiló la portería y empató el choque.
El equipo azulgrana deambulaba por el campo. El Betis era un vendaval y el Barça un trapo hecho trizas. Rijkaard, levantado en la banda, apenas se movía. Era como si siguiera dando vueltas a una situación que ha vivido muchas veces y que se repite una y otra vez. Ni la entrada de Gudjohnsen y Giovani cambió la cara al equipo. Todo lo contrario. Luego, de nuevo Edu (m. 78), se sacó un trallazo y cayó el tercero. De nuevo tras otro eslalon, de nuevo riéndose de toda la defensa, de todo el equipo, convertido en una piltrafa que deambulaba entre los olés de la afición bética. Así acabó el Barça. Perdido, como lo está su estrella, Ronaldinho. Él no estaba, pero es tan culpable como el resto. Ahora dirán que están en la Champions, pero ya nadie cree en este grupo.