
ALMERÍA - 2
BARCELONA - 2
Si alguna manera tenía el Almería de marcarle algún gol al Barça era a balón parado. Y así fue. No fue un gol, fueron dos. Y cada uno de esos tantos andaluces tuvieron un efecto devastador sobre un equipo que jugó mal. No supo defender en el aire lo que habían construido con paciencia Iniesta, Bojan y Etoo. O sea, un puro desastre porque no tuvo el dominio del encuentro y, además, la expulsión de Milito lo dejó desnudo. Tiritando y hasta dando las gracias de que el partido terminara en empate. Un empate fatal.
Fatal porque el Barcelona pudo ganar el partido --se adelantó en dos ocasiones-- y aún respiró aliviado al llevarse un punto. Un punto que no sirve de mucho porque el fútbol desplegado por los azulgranas transmitió miedo, desidia y, sobre todo, poca contundencia. El Almería no solo le quitó el balón al Barça sino que le dio una lección de cómo sobreponerse a las adversidades. A cada gol de Bojan o Etoo respondió el equipo andaluz con una velocidad mental y física que le hizo poco menos que inalcanzable. Y con dignidad.
DESCONTROL DEFENSIVO
Después de que Iniesta diera una lección de fútbol gratis --verlo jugar es un placer--, el Barça se autodestruyó. Tenía el partido controlado gracias al gol de Bojan --chico listo el de Linyola, balón que cae por el área, balón que rebaña para la red--, pero, mira por donde, el equipo de Rijkaard se descontroló. Mientras Iniesta tenía la pelota, el Barça vivía tranquilo. Pero cuando lo perdía el talento de Fuentealbilla, nadie le echaba una mano y el Almería, un conjunto moderno, inteligente, arrinconó a los azulgranas en la casa de Valdés.
A balón parado, en un córner horrible y patéticamente defendido, un certero y cómodo cabezazo de Pulido retrató a la defensa del Barça, transformados todos sus miembros en decorativas estatuas de sal. Tal cual. De la esperanza inicial --Iniesta revitalizó al equipo y Bojan remató más y mejor que Etoo-- se pasó a la desesperación final, sobreviviendo gracias a las manos salvadoras de Valdés, un portero que vivió al borde del ataque de nervios. En tres minutos, salvó dos goles, con Puyol desquiciado, Edmilson atolondrado y el Almería gobernando el partido con una naturalidad apabullante.
HENRY, SUPLENTE
Y eso que Rijkaard metió mano en la alineación con mucha contundencia, obligado, eso sí, por las bajas. Para empezar, el técnico se olvidó del rollo de los fantásticos y sentó a Henry inicialmente en el banquillo. Un suplente más, junto a Pinto, Oleguer, Sylvinho y los tres jóvenes del filial (Pedrito, Víctor Sánchez y Víctor Vázquez). O sea, la tarde en que el Barça tenía nueve bajas (Ronaldinho estaba en casa y Messi en su casa, pero de Argentina), Henry no cabía en la alineación. Insólito, pero real. Toda una declaración de intenciones. Después, el francés salió en la segunda mitad para arreglar un equipo miserablemente empequeñecido por la osadía del Almería.
Cuando el Barça había hecho lo más difícil al tomar ventaja en el marcador (dos disparos, un gol), lo ensució luego con una sencillez que asusta porque demuestra su fragilidad. El equipo estaba hecho un flan. Thuram y Gudjohnsen, por ejemplo, se dijeron de todo sobre el césped. La bronca fue monumental. Tan solo les faltó llegar a las manos para aparecer hoy en todas las portadas. Pero al final solo fueron palabras. Fuertes, pero palabras. Tan mal estaba el Barça que Rijkaard siguió con el bisturí en la mano. Edmilson falló un pase que casi le cuesta un gol al equipo, aunque tuvo suerte de que Valdés no se desconecta nunca de los partidos. Segundos más tarde, Rijkaard ponía a Henry y quitaba al brasileño, por lo que Iniesta, el joven para todo, regresaba a la posición de pivote defensivo. Un minuto después, Xavi descubría al francés en la banda izquierda, este driblaba con elegancia y Etoo, en su primer disparo a puerta, festejaba el gol.
MILITO, EXPULSADO
Para que el Barça no estuviera nada tranquilo, un nervioso Milito se fue al vestuario antes de tiempo, al ver dos amarillas. E Iniesta, hasta que salió Sylvinho, tuvo que jugar un par de minutos de central zurdo. Y el partido se hizo realmente interminable para los azulgranas, que tenían un jugador menos, angustiados porque cada acción a balón parado del Almería (fuera córner o falta lateral) era una invitación permanente para visitar al cardiólogo. De nuevo, la misma jugada, pero con un goleador distinto. Sirvió Corona desde la esquina y cabeceó Uche. En la primera mitad, fue Pulido; en la segunda, Uche. Así, a balón parado, quedó enterrado el Barça en Almería.