
BARCELONA - 4
VALLADOLID - 1
Nada mejor que la visita de un rival débil para tomar aire y recuperarse. El Valladolid brindó al Barça la posibilidad de sumar un triunfo reparador y balsámico que ayude a restañar las heridas que empiezan a acumularse en el cuerpo de los azulgranas. Al borde del precipicio del descenso, las flaquezas del conjunto castellano son mucho mayores, así que el Barça, débil e inseguro pese a ser segundo, pudo conseguir una goleada más aparente que real.
Bajo de ánimo y de defensas, en sentido figurado y real, los azulgranas sufrieron más problemas de los que indicó el marcador para deshacerse del Valladolid. En otros tiempos, cada vez más lejanos, los blanquivioletas no habrían durado ni 10 minutos en manos azulgranas. Ayer se llevaron un 4-1, es verdad, pero el resultado esconde que dispararon dos veces al poste y marcaron otro gol en fuera de juego después de lograr el momentáneo empate con un penalti inexistente. Los árbitros también se han vuelto en contra del Barça. Era el quinto en contra en los seis últimos partidos.
PITOS DE LA GRADA
El resultado camufla por un día la crisis defensiva del Barça, que mostró las mismas vías de agua de las últimas semanas. Poco queda de aquel sólido bloque que convertía a Valdés en un simple espectador. No peligró la victoria porque Iniesta marcó un minuto después del descanso y acabó con el desasosiego del equipo, lastrado por sus propias dudas y castigado con los merecidos pitos de la grada. Ni los turistas se agolpan en las taquillas para quedarse las entradas que liberan los socios, hartos de ver a este Barça vulgar y que genera más desilusión que confianza ante los dos meses que quedan de competición.
Siempre hay excepciones en la decadencia que apunta el equipo. Dos para ser concretos. Una es Iniesta. La otra es Bojan. El centrocampista arrastró al equipo hacia adelante, con ideas y soluciones imaginativas. El delantero puso los goles. Marcó dos y dio la asistencia a Etoo en el 1-0 que el camerunés le devolvió después. Los números acreditan que Bojan resultó fundamental en la victoria. Las ganas que exhibió, recorriendo el frente de ataque, buscando balones en lugar de esperarlos, encarando a los defensas en lugar de retroceder, fueron un soplo de frescura ante la apatía y la desgana que desprende un sector del vestuario.
LA NECESIDAD DE ASUSTAR
Bojan remató dos veces en los primeros tres minutos de partido, y todo parecía indicar que el Barça encarrilaba el partido de su recuperación anímica. Lo fue, en efecto, reforzada luego por la derrota del Madrid. Falta por ver cuál será la vigencia de esa recuperación. Dependerá de la eficacia que tenga ante el marco contrario para volver a asustar e intimidar.
El Valladolid no salió asustado en absoluto. Planteó una lucha de uno contra uno en todo el campo --Mendilibar jugó con tres centrocampistas y tres puntas-- para acentuar la inseguridad individual de los azulgranas. Le sirvió mientras el marcador reflejó un cierto equilibrio. Hasta el descanso. No pudo contrarrestar de ninguna forma el talento de los locales que, poco a poco, con persistencia, fe y trabajo fueron decantando el duelo. Los goles salvaguardaron los puntos, lo más valioso, pero no deben cancelar una urgente visita al psicoanalista ante los exámenes que aún faltan por afrontar.