LA TEMPORADA AZULGRANA | LA LUCHA POR LA LIGA (PUBLICADO EL 2-3-08)

El Barça echa a perder su ventaja y acaba dando pena ante el Atlético (4 - 2)



Gol de chilena de Ronaldinho. FOTO: AFP / PEDRO ARMESTRE
DAVID TORRAS
MADRID

ATLÉTICO - 4
BARCELONA - 2

El Barça llegó al Calderón embalado y salió a rastras. Mas lejos del Madrid, a cinco puntos, y con la imagen que poco a poco había levantado, punto a punto, por los suelos. El Atlético tenía que ser el que pusiera al aire las vergüenzas que últimamente había disimulado. El Kun Agüero, sí, él solito, dejó a toda la defensa hecha una piltrafa y convirtió al Barça en un coladero (4-2).

Fue un doloroso puñetazo por lo inesperado y por el ridículo. Después de haber tenido el partido de su lado, con el 0-1 y una abrumadora superioridad, el Barça echó a perder mucho más que los tres puntos que hubieran dejado la Liga tal como estaba. Todas las ilusiones que había construido en esa caza sobre el Madrid, se desvanecieron con una enorme crueldad. El castigo fue durísimo porque, además, llegó de un equipo que andaba peleado consigo mismo y que, durante un buen rato, agachó la cabeza dispuesto a ser decapitado.

Pero el Barça le dejó con vida, como tantas veces ha hecho con otros, y fue él quien acabó descuartizado. En la rueda en que Rijkaard ha convertido la elección de los fantásticos, Messi acabó en el banco, en una decisión más que discutible. Ronaldinho pasó de la grada a delantero centro, una falsa posición que le permitía ir y venir con total libertad, pero que dejó a Etoo exageradamente desplazado a la banda derecha. Ninguno parecía especialmente cómodo, pero Ronnie se sacó de la manga un conejo de esa chistera que tan olvidada tenía. Una chilena excepcional que devolvió los mejores recuerdos del 10 y que provocó en el Calderón una reacción similar a la de hace dos años en el Bernabéu. Puesto en pie, muchos colchoneros se rindieron a ese Ronaldinho que tanto se echa en falta.

RONDO INTERMINABLE
Antes, ya habían celebrado con más entusiasmo el gol del Recreativo al Madrid, que hizo el camino del Barça al revés, remontando y distanciándose a cinco puntos. El Barça estaba en la situación ideal, y tenía por delante el partido perfecto. El Atlético parecía haberse entregado, incapaz de seguir el ritmo de juego azulgrana. Ahora para aquí, ahora para allá, ahora atrás y vuelta a empezar, en un rondo interminable, al que, eso sí, le faltaba más velocidad y más profundidad. Más que jugar, el Atlético parecía contemplar ese ejercicio de virtuosismo, como si estuviera hipnotizado.

El Calderón miraba a Aguirre con mala cara. En el fondo, la mayoría ya daba el partido por perdido. Era el camino que cualquiera podía esperar ante un mano a mano tan desequilibrado. Al Barça solo le quedaba esperar, guardar el balón como lo estaba guardando, pero ser más ambicioso. Y eso es lo que faltó. Y le sobró que, poco a poco, fueran chirriando pequeños detalles que se fueron agrandando hasta llevarle a la perdición.

CALVARIO TERRIBLE
Edmilson, por ejemplo, está muy lejos de ser Touré. Muchísimo. Y por ahí empezó a desangrarse el equipo. Milito, impecable hasta entonces, también ayudó. Y Puyol. Un recorte del Kun Agüero a su compatriota fue el inicio del desastre. Hubo un punto de desgracia, es cierto, porque de no rebotar en el capitán no hubiera llegado el 1-1 y, tal vez, el partido habría seguido otro guión. Pero entró y ahí empezó un calvario terrible. Un balón perdido por Edmilson, y el 2-1. En apenas seis minutos, justo antes del descanso, todo se vino abajo.

No debería haber sido así, quedando como quedaba un mundo por delante. Pero, lejos de apretar los dientes y salir a por todo, el Barça se mostró inesperadamente abatido. Y se rompió. De arriba a abajo. ¿Cuál es la mejor arma del Atlético? No es una secreto. Lo sabe hasta un niño. Sí, claro, el Kun. Menuda sorpresa, no. Pues el Barça le dejó campar a sus anchas. La primera ocasión la falló, a la segunda Puyol le derribó, en una muestra general de fragilidad. Todos quedaron retratados. Penalti y gol.

Messi ya estaba en el campo, pero no había noticias de él. Ni rastro. Como no lo hubo hasta entonces del fantástico al que sustituyó, Henry. Desapareció Edmilson y entró Gudjohnsen, y lo mismo. Abbiati sacó de la línea lo que era un gol de Etoo, en una acción aislada. Y el Kun volvió a hacer de las suyas, dejando tirados a Zambrotta y a Puyol, y poniendo el balón con una dulce rosca lejos de Valdés. El Barça daba pena. Ni siquiera el gol de Etoo lo remedió. Demasiado tarde. La cara de verguenza no se la quita nadie.

LAS CLAVES DE JOHAN CRUYFF
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