LA TEMPORADA AZULGRANA | LA LUCHA POR LA LIGA (PUBLICADO EL 17-2-08)

El Barça se reanima con un afortunado triunfo en Zaragoza (1-2)



Messi, rodeado de jugadores del Sevilla, en el partido del SÁnchez PizjuÁn. FOTO: JORDI COTRINA
MARCOS LÓPEZ
ZARAGOZA

ZARAGOZA - 1
BARCELONA - 2

Con ayuda sobrenatural, un gol de Henry y un penalti del Zaragoza, transformado por el suplente Ronaldinho, el Barça salió vivo de La Romareda y se pone a cinco puntos del Madrid. De puro milagro, con otro penalti, fallado por Diego Milito, el equipo de Rijkaard volvió asustado, resoplando después de un partido lleno de polémica. Fue una jornada redonda para el Barça. El Madrid caía ante el Betis y los azulgranas, tras un encuentro repleto de alternativas en el juego, regresaron a casa felices. La Liga, y de paso la vida, ya se ve de otra manera.

No hay partidos tranquilos en La Romareda cuando juega el Barça. Todo lo que sucedió da para hacer un libro. Y siempre con final feliz para Rijkaard y los suyos. Al vertiginoso ritmo inicial del Zaragoza (en seis minutos ya había asustado dos veces a Valdés), el equipo de Rijkaard opuso la velocidad de Giovani y la clarividencia de Xavi, mientras los dos centrales (Márquez y Milito) estuvieron colosales hasta que el mexicano cometió penalti sobre Oliveira.

UN DISPARO, UN GOL
Curiosamente, los dos peores jugadores en los primeros 34 minutos protagonizaron el gol. Deco, despistado, atolondrado, perdiendo balones, alzó la cabeza y descubrió la figura de Henry, otro delantero que no había hecho nada en La Romareda. Nada de nada. Eso sí, el francés se había salido con la suya. Protestó esta semana en la sala de prensa por su posición y el sábado retornó a la posición de delantero centro. Por una noche, Henry hizo honor a su nombre: un disparo, un gol. Un gran pase de Deco, un control con el cuerpo –los jugadores del Zaragoza reclamaron tímidamente que se ayudó con la mano– y César acabó batido.

GIOVANI, PELIGROSO
En una singular conexión entre Deco y Henry, el Barça obtuvo el botín que buscaba tras ir madurando lentamente el partido. Antes Giovani había dado señales de que es más, mucho más peligroso en la izquierda que en la derecha. Y Messi despertó un poco cuando abandonó la cal y conectó con Xavi en el centro del campo. Cuando la pelota pasa por Xavi, todo se aclara. Hasta los partidos que eran complicados. Y eso que Rijkaard había tomado decisiones arriesgadas en la confección de la alineación: dio descanso a Iniesta, no quiso castigar más físicamente a Touré y prescindió, una semana más, de Ronaldinho. Que el brasileño sea suplente ha dejado de ser noticia. La noticia será cuando Ronnie sea titular. Algún día.

Así de dominado tenía el Barça el encuentro cuando Oliveira demostró que Márquez es humano. No solo porque el mexicano hizo el penalti sino porque cometió un extraño caso de incomunicación con Milito.

Hasta entonces, ambos estaban impecables. En una jugada, el Zaragoza se enganchó al partido. Milito, el delantero, el hermano de Gabi, lo tiró horrible –más cerca de las nubes que de Valdés– y el Barça resopló. Pero Oliveira, más rápido que Márquez, desnudó la desidia azulgrana en la segunda mitad. Salió dormido el Barça, como si ya tuviera todo hecho, y le costó el empate. Ni más, ni menos. Y el mexicano, infalible en la primera mitad, se transformó en terrenal. Ni los hermanos se conocían. Gabi, el azulgrana, pegaba a Diego, el maño. Diego pegaba a Gabi. El partido enloqueció porque la pelota ya no pasaba por los pies de Xavi y Messi se empeñaba en ser Messi en cada jugada.Mal asunto.

JUGADA DECISIVA
Mal asunto era que el Barça no reaccionara y Rijkaard, cuando el partido tal vez pedía la calma de Iniesta, apostó por Ronaldinho. El equipo estaba roto, incapaz de pisar el área del Zaragoza, y Messi tan desaparecido que hasta el técnico lo sacó para intentar ganar. Entonces, llegó la jugada que nunca falta en un Zaragoza-Barça: un penalti por manos de Juanfran. Y Ronaldinho, con una presión increíble, lo lanzó de forma sublime. Diego falló, él acertó.


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