
SEVILLA -1
BARCELONA -1
Por un día, al Barça le sonrió la suerte. Por un día se llevó un premio mayor del que se merecía. Sucedió anoche en Sevilla, donde sobrevivió a un terrible asedio durante la primera mitad, en la que pudo salir goleado, para sacar un puntito (1-1) que le permite, si no intimidar al Madrid, al menos dar señales de que respira. Una aparición de Xavi, tan sobrenatural y extraordinaria como la del domingo pasado --marcó el gol a Osasuna en el minuto 87-- permitió igualar el gol de Capel y dejar en nada la demostración inicial de fuerza del Sevilla.
Para quienes sostienen que la historia se repite en ciclos, ayer encontraron nuevos argumentos. Xavi fue quien salvó la cabeza un día hace 9 años a Van Gaal en Valladolid --y salvó una Liga-- y en Sevilla renació el Barça de Rijkaard en el 2004 por la última aportación recordable de Kluivert. Un guiño del destino, seguramente, empujó de nuevo a los azulgranas, descosidos por todas partes y que aguantaron en pie gracias a Víctor Valdés, que evitó un sonoro batacazo en el primer tiempo.
No era el Barça real, ni en una alineación plagada de retales ni en su compostura sobre el campo, propia de un equipo menor que comparece con miedo a salir trasquilado. Poco le faltó. Por muchas bajas que sufriera, el equipo fue patético por momentos, indigno de un candidato al título, superado por un Sevilla que renace poco a poco.
Ni las bajas alcanzan para excusar el primer tiempo del Barça, patético y ridículo en varias fases, aunque si hubieran estado Puyol, Deco, Touré, Etoo o aquel Ronaldinho de hace años otro gallo habría cantado. El Sevilla, al menos, no habría jugado tan confiado. Pero con tan ilustres ausencias, Rijkaard tuvo que hilvanar un once con Oleguer, que no jugaba desde el noviembre, de lateral derecho, y con Giovani, recién aterrizado de Estados Unidos y que pasó por delante de Ronaldinho, lo que prueba la opinión de los técnicos sobre el estado del brasileño. Vista la sangría que se produjo, tuvo que recurrir a él por si surgía la oportunidad de lanzar una falta o un penalti en la segunda mitad.
El Sevilla dio una lección al Barça en el primer tramo. En particular, sobre cómo se juega por las bandas sin extremos. El Barça los tenía, pero no sirvió de nada. Tan solo se necesita que los laterales y los interiores se muevan con rapidez y fuercen situaciones de dos contra uno, algo que últimamente ya no hacen los azulgranas, mal acostumbrados a querer el balón al pie, sin ofrecerse a los desmarques. Sobre el área de Valdés llovieron centros de Alves y Navas desde la derecha, y Capel desde la izquierda. Dos faltas de Oleguer sobre el incisivo interior sevillista en los primeros diez minutos anunciaron el suplicio que pasaría el azulgrana, que apenas atinó a ver el 17 de la camiseta de Capel cuando este remachaba un centro de Navas. Cuando el Sevilla no pudo entrar por los costados, encontró muchos espacios en el centro para combinar con Luis Fabiano y Kanouté.
¿Y el ataque del Barça? Nada de nada. Muy previsibles y lentos hasta la exasperación estuvieron los azulgranas, que anduvieron con el freno echado hasta que no se vieron por detrás en el marcador. Avalado por la penosa imagen del equipo, Rijkaard adoptó medidas drásticas en el descanso.
REDISEÑO DE RIJKAARD
Como peor no iba a ser, el técnico azulgrana rediseñó el equipo con dos mediocentros (Xavi e Iniesta) y un mediapunta (Ronaldinho) por detrás de los tres delanteros. Entonces sí, entonces el Barça pintó algo en el partido. O lo pareció, porque el Sevilla se atrincheró atrás para defender el botín. Pura táctica. Y por pura lógica, el Barça se echó hacia adelante y se partió en dos, corriendo detrás del balón como antes en cuanto fracasan unos ataques blandengues. Y de tanto acercarse, llegaron a ver el camino de la red. El lúcido Xavi, el inspirado Xavi, detectó un agujero por el que colarse para que el Barça volviera a respirar.