
ATHLETIC - 1
BARCELONA - 1
La dolorosa experiencia del año pasado no sirvió para que el Barça escarmiente. Haciendo el tonto como en la Liga anterior, anda por la vida con la misma actitud de allanar el camino al Madrid y dejar escapar otro título. Frente a un Athletic torpón y limitado, los azulgranas regalaron dos puntos en un campo donde estaban obligados a ganar. Especularon con el inmenso botín que tenían --un disparo decente, un gol de Bojan- y sufrieron el castigo del empate con una aparición de Llorente, quien forzó a Thuram a que marcara en el marco de Valdés.
El Madrid gana en los campos de los grandes y el Barça se deja puntos en los de los estadios donde no se concibe otro resultado que la victoria para ser campeón. Ahí reside la explicación sobre quién y por qué es el líder. Con semejantes penurias y escasez de juego, San Mamés ya no es lo que era. Hoy es un estadio donde se tiene que ganar. Por el Athletic, básicamente, que solo ha logrado dos triunfos en 11 jornadas como local, no por la hinchada, que necesita muy poco para empujar a los suyos. Los rojiblancos necesitan mucho más que un empujón. Necesitan talento. Pero esa escasez, que les ha llevado a flirtear en la zona baja de la clasificación, no les impidió avergonzar --tampoco ellos-- a los azulgranas. Ni en Bilbao ha sido capaz el Barça de arrancar los tres puntos, víctima, como a menudo, de ese tic especulador que le pierde.
EL MÍNIMO ORDEN EXIGIBLE
En San Mamés ahora basta, como demostró el Barça, con mostrar el mínimo orden exigible en defensa. El fallo rojiblanco ya llegará, tarde o temprano. Y apelando a esa tesis, los azulgranas salieron a esperar esa oportunidad. Con la versión rácana de su estilo: tener el balón sin dar espectáculo. Pases y más pases encadenaron los azulgranas. En el campo estuvieron quienes menos retienen el cuero. Rijkaard rescató la fórmula de los tres pequeños tres meses después de utilizarla por última vez el 21 de octubre en Vila-Real. Xavi, Iniesta y Deco se adueñaron de la pelota y del partido. De nada sirvió. Durmieron a los demás.
Solo jugaron ellos. Buscándose y combinando, siempre en corto. Sin tomar riesgos, pero sin buscar tampoco la profundidad. La prueba es que Iniesta levantó una vez la cabeza y detectó una colada de Messi. Esa llegada generó el gol de Bojan. Dos minutos después de la única oportunidad del Athletic que Aduriz malogró. Las dos jugadas revelaron la importancia que tiene imprimir velocidad al juego. En ambas, los dos equipos pillaron descolocada a la defensa. En la acción que derivó en el empate, Llorente, que posee un don parecido al de Bojan, se adelantó a Thuram. El azulgrana suma ya cuatro goles en la Liga. Más de lo que se podía esperar y pedir a un juvenil.
MIRAR A LA PORTERÍA
Bojan marcó porque sus ilustres compañeros de la delantera apenas miraron la portería. Messi enloqueció a la zaga del Athletic con sus quiebros y sus desbordes, aunque pocas veces tomara el camino más recto hacia Aranzubia. Cuando pisó el área y levantó la cabeza, a menudo tarde, no vio ninguna camiseta que le fuera familiar. Con él en el campo siempre suceden cosas, aunque ayer no culminaran en nada.
De Henry no se supo nada. El delantero francés sí pareció un juvenil, como si se viera superado por el magno escenario que aún es San Mamés, que ya tiene fecha de derribo. Ante un Athletic inofensivo y blando, comparado con el de hace un par de décadas, frente a un Iraola muy noble, no tomó ninguna iniciativa. Se limitó a estar en el campo. Sylvinho llegó más veces a la línea de fondo que él. Las cámaras le detectaron apenas cuando le dio un guantazo a Aitor Ocio, sin que le vieran el árbitro ni el asistente.
Amparado en el gol, sin angustias, el Barça solo debía dejar correr el tiempo y cuidarse de no cometer ninguna torpeza. Ni un cambio de ritmo, ni cambio de orientación, ni un pase a 30 metros se vio. ¿Para qué? Solo importa el resultado, perdido el miedo al que dirán. Pues llegó la torpeza y no se obtuvo el resultado. Y lo que dirán es que ha vuelto a las andadas y va haciendo el tonto regalando la Liga por ahí.