
GETAFE - 2
BARCELONA - 0
No fueron cuatro, pero resultó igual de vergonzoso. No fue una humillación en Getafe, pero sí dio pena. Dio pena el Barça que no sabe levantar cabeza lejos del Camp Nou, bailado por un exquisito Getafe, guiado por el elegante Laudrup, con un fútbol moderno, retratando las miserias azulgranas. No asusta a nadie, se derrite cuando se enfrenta al más mínimo obstáculo y es un chollo para los rivales cada vez que los visita. Es una invitación a la felicidad ajena. Para el culé, en cambio, es una tortura. Ah, por si no lo saben, Ronaldinho y Messi ni acabaron el partido. Henry lo jugó, pero ni se le vio. Un desastre, vamos.
ERROR DE HENRY
Y eso que el partido estaba bonito, realmente bonito cuando comenzó. Hasta parecía incluso que el Barça jugaba bien fuera de casa o, al menos, se adivinaba algo así. Pero llegó una jugada para desmontar la farsa azulgrana. Cierto es que Henry falló antes una ocasión clarísima. Y no tiene perdón porque era una ocasión made in Arsenal. Balón al espacio tras una gran asistencia de Iniesta, Thierry se enredó y cuando llegó ante el Pato, se atolondró. Insólito, aunque real. Tanto que el equipo de Laudrup se percató de que en esa jugada el encuentro cambió definitivamente de dueño.
El Getafe, uno de los que mejor juega a fútbol en la Liga --Laudrup no se permitiría otra cosa--, desnudó al Barça en una jugada a balón parado. Una falta muy lejana, Milito no se impone a Cata Díaz en el juego aéreo y Manu del Moral caza una pelota con tanta facilidad en el área pequeña como si se estuviera tomando un café en una terraza de la Castellana. De una forma tan sencilla como simple, en una jugada horriblemente defendida, Valdés se quedó petrificado. Ni él pudo entender qué demonios había sucedido.
SIN ESTRELLAS
Muy sencillo fue lo que sucedió anoche al sur de Madrid. El Getafe quiso ganar el partido. El Barça, también. Pero menos. El Getafe jugó mejor; el Barça no. El Getafe disparó más --Valdés tuvo dos paradas decisivas ante Uche y Sousa en los primeros 45 minutos--, mientras Ronaldinho se pasó más tiempo en el suelo que de pie. Recibió muchas faltas, se alejó del área, acabó en la camilla y estaba desconectado del mundo real. Lógico. No estaba ayer Manel Vich, el speaker del Camp Nou. No estaba a quien le dedica los goles el brasileño. Igual de mal que Ronnie estaba Henry.
Cuando le buscan, no llega. Cuando llega, no le buscan. Así está el Barça. Un equipo que se pasea en casa y al que bailan fuera. Va y viene. Viene y va. Y un día de estos perderá la senda del todo. Anoche, tras un inicio prometedor, se apagó con el gol del Geta, un equipo que no solo se propone jugar bien. También lo consigue. Cerraron los caminos a Messi, a quien le esperaba Licht. Pero no era el único. Hasta tres tipos vestidos de azul ejercían de policías de Leo. Empezó la segunda mitad y todo seguía igual. Sin rasgo de reacción y, lo peor de todo, sin asomo de orgullo en el Barça. Rendido.
DEJADEZ Y DESIDIA
Algo intolerable porque claudicó el equipo de Rijkaard con una dejadez impresionante. Sin alma. Sin talento. Sin intensidad. Sin dignidad alguna. O sea, un Barça que provocó sonrojo. Una noche más, otra más, en Getafe. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si los fichajes --jugaron los cuatro nuevos (Milito, Abidal, Touré y Henry) pero parecieron igual de viejos y gastados que los otros-- no hubieran servido para nada. Tan mal lo vio Rijkaard que decidió acabar el partido, con el 1-0 en contra, sin Ronaldinho. Y sin Messi, mientras la afición del Getafe coreaba a su equipo con "olés".
Por el Barça, ni pregunten. Mejor que no. Sería casi una pérdida de tiempo. Terminó con dos fantásticos en el banquillo porque ninguno estuvo a la altura de su nombre y Rijkaard prefirió acabar con dos niños (primero salió Giovani, luego Bojan). Tampoco lo consiguió y se fue el técnico zarandeado. Y el Barça bailado y ridiculizado fuera de casa. No aprenden, cada vez va a peor.